viernes, marzo 28, 2025

LA VISITA (NARRATIVA)17

 

17

Flores marchitas recta por mi vientre. Un despejado cielo ahora que la tarde transcurre en la espera. Me animo. Me desamino. Me miro. No me miro. Observo el maravilloso paisaje que se entorna a mi derredor y me consumo en él. Observo las fantásticas historias que narran mi cerebro sobre este lugar y mis ojos chispeados, humeantes las atrapa. Despierta sueño. Despierta imagino el mundo fantástico anterior a este confín de la isla. Sí, la isla…la isla. El mundo…si el mundo. Enigmas sin resolver de como civilizaciones arcaicas adoraban el firmamento, este cosmos tan lejano, tan cercano que nos acoge, que nos guarda en un rincón de su descomunal dimensión. Y este espacio es nuestra vida, no hay más. Por ahora, no llegaremos a otras. Es tan complicado, tiene que verterse multitud de condiciones y después que …la vida. Y qué clase de vida. A lo mejor estas construcciones, esa arquitectura tan perfecta matemática y astronómicamente fueron elaboradas por ellos. Pero eso fue hace mucho tiempo y no tenemos la suficiente memoria, las suficientes pruebas de ello. Sin embargo, hay algo en este extraño sitio que me hace asumir que hubo un auxilio externo hace muchos años…muchos. Ahora, invoco lágrimas de la naturaleza que me viste, de esas voces que provienen de esas cavernas donde las gentes rebosan de lo cotidiano. Un escalofría se posiciona en mi columna, siente pisadas a partes de las voces ocultas en las cuevas. Y estas pisadas en el silencio inmenso suenan cada vez más próximas. Estoy aturdida. Estoy espabilada. Estoy conquistada por la belleza y no quiero mirar. Su olor me va llegando. Es alguien que se acaba de duchar, es alguien de la zona. Cojo el tren más próximo y ávidamente me doy la vuelta. Una sonrisa se expande en ese rostro que viene…que viene animoso. Puedo que sea él. No más cavilaciones sobre si será o no será. Me hallo en estos montes sagrados donde el ritual de sus herederos ha sabido convivir con el ayer. Me hallo donde los primeros pobladores de la isla instalaron un imperio al sol, al tiempo como muchas civilizaciones. Y Anne siente la cercanía de quien le escribió la carta. Una enrarecida emoción se le muestra. Aun no tiene ganas de saludar en este apartado vergel donde solo el resonar de la voz se siente. Almas sordas a ella o tal vez la estén mirando como una extranjera más de su propia tierra. Y Anne admite su queja, le apetece estar sola en esos instantes donde ha vuelto a encontrarse con la bella y salvaje naturaleza. Escribe en su mente todo lo que mira, todo lo que siente, todo lo que desea. Respira hondamente, refugiada en ese aislamiento de estas montañas de la isla. La paz, eso es. La paz que escala por sus cimientos es tal que parece levitar sobre ese mar de nubes. Y zas, se conmociona , otro estruendo, su estática postura se tambalea y escucha los gritos de la desolación, de la consternación, de una queja , de una pena que dejara secuelas a lo largo de los años a aquellos que habitan la isla vecina. Se levanta y sin mirar atrás se estira en el horizonte. Una humareda letal sobresale en el mar de nubes. Su congoja la lleva otra vez allí, a la isla…a la isla. Una mano se posa sobre su hombre, al principio no se percata de esa mano raíz que intenta despertarla de su visión dramática hasta que escucha su nombre…Anne, Anne. ,,,,?¿Eres tú Anne? Entre tanto el hijo de Tragalunas se siente violentado al mirar el horizonte, ve lo mismo que Anne, pero en otra perspectiva. La mar esta revuelta, hay mar de fondo y el olor a algas le llega mientras en la parada espera el autobús. El también siente que una mano se enraíza en su hombro. Se da la vuelta, su padre algo descolorido, algo cansado lo abraza. Y se deja abraza, quiere poseer todo lo que el tuvo de su madre. Su imaginación lo lleva a la isla de Lobos y la escenifica como mujer opuesta a una sociedad parada, taciturna, arcaica. Se podría decir una mujer que quiso libre y halló su libertad allí donde los cetáceos cantan, donde los lobos de mar descansan. En su faro, aguardando a Tragalunas cada madrugada.  

 

sábado, marzo 22, 2025

LA VISITA(NARRATIVA) 16

 

16

Ahora que estoy aquí, en el lugar, nadie aparece. Me moldeo a un sol que viene sobre un mar de nubes que me despide de la lluvia. Me acojo en su regazo…ese tentador abrazo cálido. Miro estas cuevas casas. La nada brota ahora que es mediodía y el día se puesto su traje más esplendoroso. Me embriago de la ligera brisa e intento que este astro rey tibie un poco mi cuerpo. Sin embargo, escucho voces que sale de esta hileras de cuevas. Voces sin ojos. Voces sin labios. Voces sin cuerpos. Un eco poderoso me viene y escucho bajo estas piedras conversaciones de quien las habita. Llegan a mi con el resonar tembloroso de un eco como si naciera del estómago de estas montañas. Todo luce verde, un follaje maravilloso, agradecida tierra. Ahora que la lluvia se va me encuentro en este susurro de esos hogares y callo. Oigo sin hacer ninguna opinión. Saco la carta de la mochila. La leo, lo que se puede leer. Estoy aquí donde el camino de cuatro cruces es sitio de encuentro. Intento leer la hora, pero la tinta se ha corrido y me siento, algo cansada, respirando lo hermoso del lugar. Uhm, esta paz. Parece que por un instante hasta el volcán calla y me reconforta me hace migrar en la memoria. Hacia años que no visitaba lugar. Juan…juan vete a ver como están los cultivos. Escucho, frases , mi olfato pasea por el frescor con el aroma de un café. Por momentos siendo la necesidad de tocar en algunas de sus puertas. Pero que pensarían estas gentes con las pintas que traigo. Y ahora en este silencio solo perturbado por las voces de esas grutas me aíslo más en mi soledad. Una soledad que me ha llevado lejos. Son los años. Hay un punto en que no necesitamos a nadie solo, las esferas de nuestros vientos. Un viento norte rajando cada dolor, cada daño, cada despecho lubricado en esta sociedad. Y ahora sonrío , aunque los años me hallan cambiado todavía queda algo de esa juventud. Me hallo amenizada por un yo verdadero, conforme, luchador, constante, complaciente con quien soy. No está en su casa. Mi padre no está, algunos nubarrones aun asoman y la hora que es todavía no ha llegado. Intento fantasear en que se encuentra charlando con alguien, pero una fuerza tirana me desboca y un vértigo me consume. Un sudor frío aprieta mis sensaciones y soy fatiga constante , impertinente. Me entra ganas de llorar, me hallo impotente y me empuja una amargura que me invita a correr a no sé dónde. Y me paro. Razone y levanto mis piernas hacia el mercado. A medida que camino, que me acerco paro la esperanza, la ilusión de verlo. Y todo en esta vida se cura o casi todo. Hay países menospreciados por el ego de los imperios poderosos. Imperios que caerán como han caído a lo largo de los siglos. Anne, en estos momentos suspira, sus sentidos se desplazan a la levedad y en vertical su peso se aferra a la existencia, a lo andado. Mientras el hijo de Tragalunas ve la luz al final de un túnel negro, plomizo, pegajoso. Ve a su padre hablando con alguien de los puestos. Y se alegra y sin decir nada da media vuelta y se dirige a la estación. Sus vidas tan distintas, tan lejana sin embargo unificados en el amor. El señor anciano baja de la guagua con su perro guía. Mira como un acto inconsciente hacia arriba, hacía el cielo como si viera, como si se percatará que ya por hoy no va llover más y es que lo huele en el ambiente, en sus sentidos. Camina lentamente por la ciudad con su perro guía y le agradece que le acompaña. Y Anne agradece de seguir para adelante, sola, en su hábitat. Y los tres son personas de una sociedad enriquecida, pacífica. Y otra vez los temblores, el estremecimiento devastador de la isla vecina. Los dioses del universo conspiran en la isla vecina, una masa corpulenta despiadada se levanta contra ella. Y ellos lo siente. Anne se levanta y atisbo de inquietud la hace agarrarse a las cuatro cruces. Dónde estará, se pregunta. De todos modos esa larga espera se le hace amena y lo agradece, es como si una cama de seda tejiera en sus espaldas…en sus espaldas cansadas.

 

viernes, marzo 14, 2025

LA VISITA (NARRATIVA) 15

 

15

Me detengo. He llegado al punto de encuentro, en estas casas cuevas del pueblo. La lluvia también se detiene. Estoy mojada, estoy húmeda y ello me lleva a mi ayer. Un ayer de sábanas frías. Cuantas veces suspiré por amor, no mucho, pero existió alguien en mi camino que me hacía dormir despierta mientras acaricia mi vientre, mientras la gelidez y un aire hiel rajaba mi cama. Y yo me quejaba para mis adentros. Y yo lloraba para en mi reconditez. Y yo imaginaba zarpando en la libertad de un beso, de un abrazo. No se porqué me vienen estos recuerdos a mi memoria pero , vienen. Vienen con el vencimiento de mi derrota en el paso de los años. Y me da igual que no lo supiera, me inventaba sus labios, sus ojos , sus manos acariciando mi cuello. Y ese mismo frío que sentía en esos años lo siento ahora, desolada, sola, rumiando que a lo mejor, que quizás te acercarás a mí. Tu sin nombre. Tu emergiendo de una canción de antaño. Yo me agarraba a mis sueños. Yo me agarraba a la verticalidad de las jornadas. Yo , con mi fuerza , evolucionaba a tu encuentro. Los días se hacían plomizos, con pasos perdidos en calles que desconocía sus habitantes. Sí, te busqué en el vacío, en la nada. Ahora estoy aquí en el monte, en este monte laureada de naturaleza viva, donde los pájaros después de escampar retoman su murmullo. Estoy mojada, estoy húmeda. Observando estas cuevas cuyas gentes estarán en la hora de la siesta. Temblor. La tierra se estremece y despierto de mi ayer para da cabida al presente. Este mundo cada vez marcado por desastres naturales ya sea antropogénicos o por su raíz. La huida se presenta. Aldeas enteramente destruidas, ofuscadas, eclipsadas por el reino natural. Y entonces, la huida. Ya no solo las batallas perdidas, sino los desastres de la naturaleza, las sequías, las inundaciones etc…. Retomo el silencio de mi mente y me siento, espero el encuentro. Y Anne se sienta en un banco de piedra, húmeda, temblando. Siente el tremor de la isla vecina y desde el lugar que se encuentra podrá visionar la humareda. Ahora, el cielo aun con nubarrones se va sorprendiendo como van descendiendo estos. Se halla algo fracasada, sus pensamientos frágiles, lánguidos , vacilantes la llevan a la memoria de un pasado que la hace agotarse. Ahora que se encuentra. Ahora que es ella. Ahora que todo lo referente al corazón le es igual. Ahora que el mediodía es un susurro de calma. Ahora que su libertad es altitud de donde puede visitar todo su ayer, todo lo ido, todo sus errores. Se mira a si misma y ya no tiene excusas para continuar su vida. Se mira y sus manías se vuelven refugio de su equilibrio cotidiano. Escucha las aves, se detiene en esas cuevas casa y su mente se revira y piensa la yerma compañía de aquel hombre ciego, de aquel muchacho, aquella muchacha. Parece que le pinchan el corazón y por un instantes siente esas punzadas en su pecho mientras la tierra es meneada por un pequeño terremoto. Y la nada, todo vuelve al silencio, a la penumbra de esta jornada. Mojada, húmeda, se quita la mochila y la abre. Quiere asegurar que esta en lugar exacto del encuentro, del comienzo de ese proceso de investigación. Y entonces, sus pensamientos olvidan…olvidan que se ha olvidado de ella.

 

domingo, marzo 09, 2025

LA VISITA(NARRATIVA) 14

 

14

El. Ella. Qué más da como me definan. Yo afirmo que soy manantial de la indeferencia ante mostrar mi sexo, mis tentaciones. Transita por la existencia en la búsqueda de la tranquilidad de mis cimientos, bien arraigados a los instantes cotidianos de la vida. Me alzo en los sentidos donde unas manos, donde unos ojos de lumbre a mi sombra cuando la conversación se instaura ante mí. La noticia de la erupción me preocupa, me mortifica. Mi padre, mi adorado padre Tragalunas. Habrá embarcado de hoy como de costumbre sin el temor del empuje, de la violencia de la marea. Habrá regresado ya ¿ Lo desconozco, hacia su casa en el muelle del norte me dirijo. Hacía esa bahía donde el relampagueando y el estruendo es más sentido. El . Ella. Me es igual lo que me consideren, solo sé que soy yo , me trago mi ruta con la naturalidad de las aves que contemplan este mundo. Este mundo enrarecido por la contaminación. El cambio climático se deja notar , me dice mi padre. Cada vez más barcas se llegan a esta tierra, a estas islas en el escape de las atrocidades del clima. Un insospechable insoportable que hace estragos en otros pueblos. El . ella. Soy yo, me personifico en la corriente briosa de mis pasiones, de mis amores. Ahora distantes. Camino en la suavidad con la belleza de jardines colgantes en la pasividad influenciable a mi aceptación. Y eso es, aceptarse asi misma, así mismo sin discriminar a nadie por sus ideas, por sus atracciones. Nómadas del vivir en un entorno donde la libertad te abraza. Sí, la libertad. Medito y escucho las nieblas de esos países donde la tortura y el castigo es tan increíblemente dramático. Y me pregunto el porqué de esta suciedad en este mundo. Un mundo privilegiado, con el don de un despertar. Y no sé por qué una alegría me asalta de vivir donde vivo. Ay estás gentes que todo asiente, todo aceptan mientras no hallan ideas malditas contra ellos. El. Ella. Así , soy, un corazón tendido en el edificante arte de la ventura. Me siento afortunado o afortunada. Pero, mi padre. Tragalunas, es tan valiente que habrá salido a la mar en su rutina. Le es igual. El y la mar. El habrá ido hasta Lobos a ver a su amada, esa amada que no conozco y es mi madre. A veces me pregunto el por qué de su distancia, de su alejamiento. Siempre he soñado que un día me lleve con él. Pero respeto su decisión, me quiere ausente de es amor de su fortuna en la verticalidad de su vida, de su estabilidad, de su calma. De este autobús veo la humareda de la isla contigua, qué mal lo estarán pasando. El pánico es fruto amargo que los desespera en una esperanza rajada, oxidada, árida. Tengo presente que somos islas volcánicas y que nuestro subsuelo duerme y duerme y ahora se ha levantado con la ira descontrolada de la penumbra a esos que viven allí. En cualquier momento la vida nos puede dar un frenazo fatídico, una parálisis que amputa cada uno de nuestros pasos. Anne respira el sabor del monte, un mestizaje que comprende lo arrebatado del verde en sus pisadas. Da gracias a este clima, a este invierno primaveral que la acompaña. No sabe cuantos kilómetros ha realizado, pero, la cuestión es no detenerse. El hijo de Tragalunas baja de la guagua , ya ha llegado a su destino. Con una mirada directa y fija y un cierto temor se enfoca en la marea. Mala marea…muy mala marea. Una lágrima resbala por sus ojos, tiene un mal presentimiento. Sus hombros , mientras llueve y esta quieto en la parada, se caen. Se mira las manos  y mira el cielo.

 

miércoles, marzo 05, 2025

LA VISITA(NARRATIVA)13

 

13

Una lengua magmática consume la isla vecina en ansiedad, en una caótica ráfaga de penar. Los hogares destruidos bajo esa masa corpulenta. Mientras en la isla comienza a llover, al principio sutilmente para luego ser bocanada de una tormenta que hace que los barrancos se desahoguen de su sequedad. Ella camina, bajo esa lluvia gélida y potente. Sabe que no tiene más remedio que llegar a ese lugar de encuentro a pie. Avanza contra la fiereza del temporal, con sus labios rajados por el frío mientras asciende. Y se sienta segura. Y siente una belleza casi perfecta de su situación. De rato en rato se limpia el rostro para poder continuar. De rato a rato mira su reloj que aguanta todo. Se sabe el paso que tiene que dar. Ya en otras ocasiones no tan drásticas se ha visto así. La visión se casi imperceptible, perseguida por el aguacero frenético. Y ella continua como aliento de su interior, de esa fuerza recóndita que la hace dar paso tras paso. Se le hielan las manos y expulsa bocanadas de su aliento para que sientan. La lluvia se va suavizando, hasta detenerse y sin esperarlo el sol viene a acogerla en su regazo cálido. Hacía tiempo que no sentía esas sensaciones y recuperarlas la hace más ella, más mujer de entereza indomable. Una verticalidad que le hace trepar por los toscos senderos reales que se encuentran en la zona. Sigue cada una de las flechas, cada una de las marcas de los caminos y sabe no se porque intuición que va bien encaminada. Estoy aquí, en medio de la nada, no se avista ninguna casa, solo el Monteverde y yo, y esta senda embarrada. Me siente purificada de todo mal que atrae la monotonía, la polución de una ciudad que duerme sin saber que el mundo , la madre tierra está despierta. Estoy aquí, sola, como siempre al encuentro del investigación que he de hacer. Mi visita será como agua que cae y corre libre…libre. Me dejaré ir, aquí, en la cumbre y sus gentes. Un sosiego despega de mi vientre y a pesar de las malas noticias me siento en paz. A veces tenemos que aislarnos y ser observadores de lo que a nuestro alrededor se esboza. Estoy aquí, mojada, en medio de la nada y del todo, de camino a mi visita de una cultura ancestral del Risco caído.  Estoy aquí y cavilo como serían esas formas de vidas en esta isla cuando era un virgen vergel de follaje implorante a las fuerzas del más allá. Escucho…escucho sus oraciones, sus cantos, sus danzas en el febril encuentro con el firmamento. Donde las armas no actuaban por el mero hecho de matar. Ahora aquí, veo esas guerra perdidas y eternas que hace del hambre y la enfermedad un desequilibrio descomunal, supurando el odio, supurando la envidia, supurando obsesiones de posiciones, de poder. Entre tanto, otros, los inocentes caen en lagunas de miseria, en cadenas de huida muchas veces con el termino en las fosas comunes anónimas. Estoy aquí y la colera me asalta ante tanta y tanta injusticia…ante tanta y tantas desdichas Estoy aquí y por un momento el vértigo me hace arrojar una piedra al vacío como honramientos a esos muertos del silencio.  Pero quiero olvidar ahora. Sí, ahora que me columpio entre riscos y naturaleza salvaje, quiero que esta pasión negué a mi mente y sepa disfrutar de este día, de estos instantes donde soy hija de esta tierra, de esta isla. Mi respiración se hace lenta y trota al compás de las aves que sobrevuelan estos montes. Y eso me hace feliz. Una felicidad que será perenne en mi memoria cuando llegue bajo algún techo, cuando visite ese lugar de encuentro. Yo Anne, me declaro ciudadana de este mundo. Sí, ciudadana. Como una parte más del complejo mundo de cada uno de sus seres. Porque todos tenemos nuestras propias percepciones. Yo, estoy aquí, envuelta ahora en bruma, sentada en una roca , contemplado todo lo que gira a mi derredor. Y soy parte de este lugar y de otros, donde me sienta bien. Todos tienen su maravilla singular y tenemos que valorarlos y ello no quiere decir que nos apropiemos, Déjemelos correr libres y a sus anchas. Solo la caricia mínima y frágil de nuestros ojos, de nuestros sentidos. Continua su andar ella, mientras se escucha el estruendo de la isla continua y ella lo escucha. Sabe que es algo que proviene de la tierra , de sus adentros y es natural, pero, cuando su mente se fija en las gentes , animales que lo están sufriendo es como si corriera por sus venas. No, no soporta el dolor de los pobladores de este planeta y ya sea de aquí o de allá…de allá o de aquí.

jueves, febrero 27, 2025

LA VISITA(NARRATIVA)12

 

12

Espera , me digo. Sola en el autobús camino al pueblo más inmediato para mi punto de partida. Sin más, un escalofrío recorreré mi cuerpo y mi mente se fija en ese chico, en esa chica que dice ser hijo de un tal Tragalunas. Lo siento, fatigado, desfallecido que a igual que yo supongo que todavía anda en el viaje. Una palidez me llega con la sutilidad de un velo que se cae. Sus ojos cerrados y un sudor con ganas de devolver lo revuelve, le provoca un estado de pulso débil. Y no se el porqué de estos pensamientos pero algo me dice que va bien. Tal vez la noticia halla caído sobre el como la pesadez de la desgana, del desánimo, de un delirio de como estará su padre. Lo siento mirar al mar, un mar que por un momento se vuelto turbulento, tenebroso, con un oleaje indómito , hostigador en su dimensión. Y ello , creo, que teme el hijo , la hija de Tragalunas. Solo, en esa guagua cual chófer con la cabeza en otro lado escuchando como transita esta erupción inesperada. Es como si de la tierra emergiera un látigo voluminoso, grotesco y lanzará llamas de muerte. Y yo. Sí, yo, siento como si su vida se acabará, como si todo lo hubiera perdido en su velatorio fuera conquistado por endemoniado filo de una navaja de la muerte. No se como actuar, el frio se vuelve más frío mientras subimos, el dolor se vuelve más dolor mientras el suceso continúa escuchándose. Por mi columna corre un cosquilleo que toma función de punzadas. Mi corazón exhala celeridad y parece que todo se para. El chofer se detiene y mira para mí, la única en este vehículo. Hace señas de si me encuentro bien y yo asiento. Por unos largos minutos, estático no baja la mirada de mi. Por unos largos minutos su preocupación quita importancia al trayecto. Una tos casi letal se cuece en la garganta del muchacho y la oigo y no comprendo que conexión existe entre nosotros. Espera, me digo. Respiro profundamente, tanto, que por instante pierdo conciencia de la realidad. Una realidad que no veo, que se me hace inverosímil. El chofer sube más la radio, crepita una angustia , una huida del infierno. El hijo de Tragalunas estará escuchando lo mismo y esa percepción hace que su dolencia agujeree sus sentidos. Se ha desmayado. Lo veo, lo intuyo y su chófer continua. Y yo tengo ganas de decirle al miro que se detenga, que tengo que ir de nuevo a la estación. Pero espera, me digo. Esta visión que me daña, que me raja se borra. Todo se congela. Todo se paraliza. Y decapitada de esos pensamientos continuo. Después de la oscuridad , la luz, una luz que hace que ella siga su rumbo por el centro de la isla hasta la cumbre. El paisaje se vuelve verde, con una frondosidad coronando sus ojos, lagrimosos. Los cambios del clima de la isla también se perciben, aquí el invierno es más inquieto, es más consistente. Se pone un abrigo. Mira el cielo, un cielo cenizo evocando una mezcla homogénea entre los gases de la erupción y el tiempo. Espera , se dice. Intenta mantener la calma. Y de un momento a otro el chofer de para de nuevo, un cierto y pequeño temblor de la isla se nota. No hay miedo exagerado sino un estático desierto en sus ojos. Frío, esa es la palabra correcta. Siente frío…mucho frío. El hijo de Tragalunas permanece adormilado, cansado, temeroso de que su padre le halla ocurrido algo. Fue noche de luna y de bien seguro a pesar de su avanzada edad salió en su costumbre a pescar. Y ese no saber nada de él le inquieta, lo pone nervioso, con un ataque de ansiedad en su interior que solo le apetece dormir y dormir hasta llegar a su destino. Una respiración ralentizada la acusa, llega casi al final de su camino. Se baja de la guagua y la humedad insufla sus pulmones. No ve a nadie en las callejuelas de ese pueblo y una paz se adueña de ella. Y no sabe por qué, una paz en medio de las catastróficas noticias. Su temple refugiado en su pecho hace que de pasos, no sabe si habrá más transporte habiendo pasado el egocentrismo de la tierra de forma más maligna hasta el lugar de encuentro con el que le envió la carta. Saca su móvil y comprueba que no tiene cobertura. Le da lo mismo, tal como están las cosas. El hijo de tragalunas despierta en medio de una pesadilla, una pesadilla que hace que le duela todos los huesos, cada movimiento que intenta dar hasta bajarse. El ciego y su perro bajan también , el olfato le dice del terror en cada persona por lo que está ocurriendo. Anda con su amigo, con su compañero por la ciudad callada, embebida del terror de la isla cercana. Y ella. Sí, ella. Se pasea por todo el pueblo mudo, solo, el ritmo de las noticias rompe el silencio, rompe la entereza, rompe el revoltijo de los pájaros, de los perros, de los gatos que no paran. Sí, no paran de gemir. Una sensación de desazón va adhiriéndose ha ella a cada pisada que da, a cada exhalar de su aliento que en espiral navega a su derredor. Y se siente caer y no porqué motivo, sus piernas comienzan a flaquear a su encuentro de algún sitio que exista cobertura. Mientras pasa el tiempo, el todo se vuelve insostenible, la nada es espejo que le azota y quiere derrumbarla. Pero no, no caerá, no se verá involucrada en el pavor.

domingo, febrero 23, 2025

LA VISITA(NARRATIVA) 11

 

 

11

Ya está aquí el autobús que me llevará primero a un pueblo de las medianías y luego otra para llegar al lugar de encuentro. Me despido de está estación donde la libertad murmulla en cada de sus transeúntes y subo, lentamente, con mi mochila. Todavía la mañana nos saluda, llegaré en unas horas a esa zona rural donde el frescor del invierno imperará en mis pulmones. Me imagino respirar con mis manos, con mis piernas donde las montañas explotan en maravilla. Oh, tierra madre, me digo. Somos hijos de ella. Somos la profundidad de un canto de un pájaro que esta época y desganado se curruca a sombra de un árbol. Oh, tierra madre, voy donde las noches son estrelladas y entra en la confusión al ser invadidos por el cosmos en toda su plenitud, una revolución de astros y polvo estelar que nos confunde, que nos tocar lo imperfecto del universo. El chofer tiene la radio puesta, una noticia viene como aliento rajado, como espasmos de una isla vecina que tiembla. Una erupción acaba de estallar. Siento ese temblor de las entrañas de la tierra en mis huesos. El miedo, la perdida y el duelo se hace volumen intransigente desesperando a esas gentes. Gentes como yo. Escucho la noticia y parece irreal, nunca razonas que vives en islas volcánicas y en cualquier momento el tremor es capaz de escupir un volumen de magma de esos cráteres que parecen tumbas. Y no, no están muertos, están sepultados en vida bajo nuestros pies. El volcán ha despertado, su lengua bestial se nutrirá de toda obra humana. En mi mente se cincela cada mirada, ojos desgarrados, ojos marchitos, ojos yermos cuando todo se pierde bajo el paso lento de la lava. Todo ido, todo prendido en el adiós. Todo lo material fundido en un mar de fuego y pena. Una ira recóndita  y bruta se escapa de nuestro espíritu , la impotencia aterra una despedida…una despedida de todo nuestra labor a lo  largo de los años, de los siglos. Los pájaros claman al llanto. Los perros recuren a un aullido indefinido, infinito a lo largo de estas horas donde todo es huida, donde todo es grotesco y cruel. Me contengo, el verdor de ese pueblo ahora es un absoluto negro humeante de pesadez. Y es pesada esta pesadilla , de este delirio de la garganta de la tierra. Se revuelca en sus gentes. Gentes que se sienten despechada por la isla….la isla. Por un momento el chofer se detiene, todos callamos, todos miramos a la nada. Se disculpa, comenta que la noticia le ha sentado como una ráfaga turbulenta en sus huesos y va a parar. Nunca creemos nada hasta cuando ocurre. Y ha ocurrido el Dios terráqueo triunfa y arroja todo su mal. Un silencio contundente se infla en los rostros de todos pasajeros, aterrados, cavilando en que puede llegar esta catástrofe descomunal. Y ella, medita, piensa en ese insulto maléfico de la naturaleza y por unos minutos su mirada se pierde tras los cristales de la guagua. Las arboledas ya empiezan a asomarse, está ascendiendo y la temperatura va decreciendo. Se fija en sus manos, sudorosas. El hijo de tragalunas, escucha la noticia. Se siente calmo y el clamor de los gritos de los que sufren penetra en su pecho. El chofer también se detiene de camino al aeropuerto. En un instante todo se ha congelado, todo es mudez. El tráfico también se ha parado y estático contemplan la gran nube de gases que transita en el cielo de la isla. Estamos conectados, subterráneamente, allí donde el mundo abisal impera hay una unión que nos produce un febril tremor. Este aberrante chillido que emerge de la tierra nos hace paralizarnos y pensar. Pensar lo poco que somos y el significado de la nada. De un vientre a la luz, de la luz a un vientre de cemento. Un hilo fino hace llorar al perro guía, ellos también lo siente como manera precoz, una forma temprana del movimiento del suelo no lejano. Lo pesado de la atmósfera los consume en un sudor frío, en un sudor que extrae toda tentación de movimiento. El chofer del autobús ha parado, escucha. Escucha un sórdido estremecimiento, un repetitivo lamento que se extiende hasta esta isla…la isla más próxima. Somos hijos del mismo origen, de la misma madre y la madre tierra enfada, enfurecida, codiciosa nos avisa. Sí, nos avisa que somos tan frágiles como el fino cristal. Y nos rompemos. Y caemos. Y nuestros deseos ansían que las vidas sean salvadas. Adiós hogares, todo quedará bajo el fango de la faz de la tierra. Ella, cierra los ojos, respira , un olor característico también se incrusta en sus venas, en las paredes de su garganta, de sus pulmones. Lleva sus manos a sus sienes, se hace un ligero masaje como si ello templara, calmara el gran exhalar de la madre tierra. En vilo, todos, sentados, incrédulos , esperando que alguien realice alguna maniobra. Se levanta, se dirige al chofer. Tenemos que continuar. Los ojos inexpresivos del conductor son desesperante, incompresibles. Arrancan motores. Apaga la radio y continua en un ambiente temeroso, que lo presta a la confusión. Se concentra, lleva personas en su vehículos, todos hinchados de estupefacción, todos asombrados, todos con el incómodo mutismo, con sus palabras reservada en el transcurso del viaje.. Un vértigo se huele cuando los barrancos pasan al lado. Un vértigo que hace que muchos se bajen. No quieren ir al lugar que deben ir, por el que han pagado. Y ese pensamiento negativo los invade como aguijones ardientes de abandono de la guagua. Pero ella se queda, sola, con sorpresa para el chofer que no sabe que hacer. Pero tragalunas se queda, solo, sola, con asombro para el chofer que tampoco sabe que hacer. Y el ciego con el gemido de su perro guía también se queda. Tres almas solitarias, intentándose equilibrarse, intentado espabilar ante la magnitud de la noticia. Se dejan ir en su ruta y esperaran a lo que posterior suceda. Almas conectadas con sus potencias enraizadas desde muy adentro, sin ese temor de la traición de los días, de las horas, de los minutos venideros.

jueves, febrero 20, 2025

LA VISITA(NARRATIVA) 10

 

10

Sentada. Sí, sentada mientras el tiempo se va, mientras las horas parecen no querer avanzar. Un señor con un bastón de ciego se sienta al lado de ella, en sus pies, su perro guía. Sus pensamientos se yerguen donde la mirada el no alcanza. Se interroga …que es vivir sin el color, sin ese campo de visión de los que vienen , de los que van. Tranquila, le dice él. Mi percepción de la realidad es aumentado en otros sentidos y ya estoy acostumbrado a esta oscuridad. Deme la mano señora, solo con palparla se de usted, me la imagino. Se que lleva pantalón vaqueros, se que lleva unas botas, se que lleva un pullover, se que lleva un abrigo, se que lleva una mochila, se que está sedienta por el misterio de donde va ir, pará que la querrán se pregunta, y percibo el olor de su entereza, el olor castaño verdoso de sus ojos, su pelo abandonado en los años, de su soledad, de lo somos que estamos, se que se pregunta como puedo yo estar en esta vida donde mis ojos son silencio pero, ya ve usted, es mi sino, es mi manera de continuar. No lo considero una discapacidad sino una capacidad que muchos temen, el contactar con su reconditez, con eso que lleva usted en su espíritu. Usted, que le encanta observar todo lo que se mueve a su derredor, usted que tienes ojos poblados de sueños, de un imaginario que muchos carecen. Y usted a igual que yo ve más allá de la oscuridad y córteme si ando mal encaminado, pero es así, usted le gusta mirar el universo en su complejidad , un universo oscuro y va dibujando como es , que es e igualmente hago yo. Sancho, se llama el, mi compañero eterno, inseparable, me ayuda a salvar obstáculos. Ella no dice nada, sus ojos se desvían de sus gafas negras entretanto el deja de catar su mano. Uhm…ese callar, a veces necesario, hablamos por hablar sin saber lo que estará cavilando quien está ante nosotros. Sonríe, acaricia a Sancho. Usted y su cosmos particular, y ahora que estamos aquí, los dos, esperando, le voy hacer una pregunta ¿Existe vida más allá de sus ojos? Sí, más allá de esta tierra. Si, señor, yo creo que sí, somos una minúscula partícula microscópica en la amplitud del cosmos. Somos la nada y un todo. La nada en su observación detenida de perpetuo y dantesco. Un todo, somos moléculas que se proyecta con orientación de la comunicación, organismos vivos que interactuamos y tenemos lo preciso para relacionarnos y socializarnos. Este microscópico mundo tiene su existencia, una vida peculiar distinta a otros mundos, cada uno con una característica de avance bien distinta. Y sabe una cosa señor, me da lástima que no valoremos nuestro planeta. Sí, esta tierra donde ha tenido la oportunidad de crecer en conocimientos por muy diversos que sean. Ese conocimiento debería tratarse para el bien, pero no, muchos desencadenan maléficos planes. Que los lleven a cabo o no es otra cosa. Pero somos el bien, somos el mal. Almas contradictorias que a veces desajusta el equilibrio. Quiere agua caballero, voy a ir a comprar agua. Se queda callado como pensativo. Ella lo mira , quiere ver más allá de esas gafas oscuras, acaricia a su perro, se levanta a comprar. Cuando regresa, el señor y su perro pancho ya no se encuentra. Se detiene en seco, respira y su cabeza comienza a florear cuestiones que antes no tenía. Y se siente agraciada, ese chico cuyo padre se llamaba Tragalunas le viene a la memoria. Su existencia, hijo de una mujer según le conto proveniente de la isla de Lobos. Intenta construirla, edificar como sería ella. Una mujer en un lugar donde habita solo el rumor de las olas, donde cada madrugada iba el padre del chico a visitarlo cuando la luna tejía su balada. .Qué hermoso, piensa. Qué pintoresco, piensa. Qué extraño, piensa. Somos tan pequeños y la vez tan gigantescos, que no percibimos lo sutil, lo diminuto de las relaciones, de las vidas. Y hay muchas vidas en la isla…la isla, traficantes de sueños bordados con los halos de las estrellas. Y suspira, quieta, estática ve el sitio donde estaba Pancho con su amo, no se pregunta a donde habrán ido. Solo se presta a un mayor conocimiento de mundo, de un mundo del cual ignoramos su origen. Que si cometas. Que si asteroides. Que si otros mundos. Que si un Dios. Todos juntos, reunidos en una mesa de juego al azar asegurando nuestra existencia. Y es que existimos y somos algo, pequeños, pero algo. Aun no contamos con técnicas avanzadas para el estudio del más allá de nuestro sistema solar. Solo hemos pisado la luna. Quién será ahora el primero en colonizarla, en hacerse dueño de una parcela de este accidentado satélites. Miles de lunas, miles de planetas. Y tendrán todas las condiciones para la vida, ello es algo obscuro. No sabemos. Seremos muchos sepultura,  sin saberlo. Deberíamos de mimar lo que poseemos, como se mima el amor entre dos, como se mima una amistad, cuidándola, protegiéndola ante las tempestades. Y ella quieta, de pie, con el silencio de sus alas, examina todo lo que le rodea, una estación donde vienen y van lo variopinto de una pequeña ciudad en medio del atlántico, una ciudad donde su receta de convivencia se vuelve pacífica, con la variedad suficiente de ser sostenible. Porque existe el respeto, porque existe esa educación que nos han inculcado y podemos vivir en armonía. Y ella se alegra…una satisfacción que hace grande. Todos somos grandes en el minúsculo lugar que habitamos, con nuestras penas, con nuestra felicidad, con nuestro don de ser humanos. Una especie a veces algo dañina y otras no. Y tenemos que valorar esto, ser humanos convivientes con otros humanos, con nuestros pesos acuestas, pero sin culpar a nadie, tomando decisiones en lo cotidiano. Abre la botella de agua, de pie, estática y bebe, casi hasta el final y se sienta para continuar con la espera.

domingo, febrero 16, 2025

LA VISITA(NARRATIVA) 9

 

9

En la estación, azocada de los filigranas solares que llegan a su cenit, ese punto más alto que por su inclinación invernal ciega los ojos. Se sienta, a la espera de un autobús que la lleve al primer pueblo para luego continuar su rumbo. Al lado de ella , un joven. Lo examina , sus rasgos delicados y refinados toma la apariencia de una joven. Pero no es chico con uñas pintadas y zapatos de tacón plano. Consuma en su belleza ante su extravagancia, ante su aspecto asexuado, androgénico que le sorprende…tanto que su mirada quiere evitarlo, evitarla. Tanto que sus ojos se pierde escoltándolo, ocultándola a la espera de un movimiento de sus palabras. Y su voz no se siente, callado, callada con el azul de iris en la guarda de la guagua se pasa el tiempo. El transporte para esos lugares lejanos o no de la isla tarde, cada dos horas sale el autobús y hay que tener paciencia. Una paciencia que no poseemos hoy en día. Giramos a ritmo desorbitado, emergiendo en el tremor de un cráter que arroja el malestar de las entrañas de nuestros sentidos. No, nos damos cuenta lo grato que es esperar, observar, embelesarse con cada mecer de una brisa que refresca nuestras ideas. Es natural y esa naturaleza en su pose, en su manera de sentarse y observar le crean un escudo eviterno donde las malas lenguas mueren por el mero hecho de dañar por dañar. Es natural y lo miro y me avergüenzo y como arroyo equivocada de donde fue manantial de la curiosidad revierto mi sendero y escondo mis ojos antes de que se de cuenta.Y antes de que me de cuenta ha desaparecido, ha sido absorbido por la muchedumbre. Me quedé con aliento cortado, iba a saludar. Escucho alguien cantar con su guitara en esta subterránea estación, me despisto y me desvío de aquel muchacho , de aquella muchacha. Me es lo mismo su sexo. El se siente , ella se sienta libre en su persona, como debe ser, acomodarse a cada una de las sensaciones que nos da la vida. Me suena lo que toca, pero no logro localizar el título en mi memoria y cuando ya ha cesado me viene y empieza con otra melodía. A ras de sus pies descalzos, una gorra. Las prisas nos llevan. Las prisas nos traen. Y el muchacho , y la muchacha otra vez está sentado, sentada al lado mío. Una extraña sensación me violenta, ha permanecido aquí todos estos momentos o se ha levantado por algún tiempo. Buenos días, le digo. Sus ojos de aguas cristalinas tropiezan con mis ojos oscuros. Advierto una cierta neutralidad que se ve pintada con el suave ángulo de su rostro impasible.  Me escondo en mi reconditez y de repente.

:Buenos días

Buenos días, repito. Hace un día bonito. Qué cantidad de gente en está estación

-Sí, un día bonito. Mucha gente en la estación, es el origen de diversas idas y venidas de la isla, es normal. Se encuentra bien señora

-si, le contesto. Solo quería hacer observación de hoy.

Sus ojos infiltrados en los míos me aferraron a un ardor de mis mejillas, supongo que lo habrá notado. Es como si se hubiera metido en mi circulando por mis arterias,  por mis venas. Es como si su todo comprendieran mi todo. Como si su nada comprendiera toda mi nada.

-Pero da pena que toda esta gente sufra de un traumatismo irrefrenable en la contaminación de esta tierra. No se extrañe señora. Yo soy así, converso con el mundo. Converso con los pájaros y ellos me dicen que cada vez les cuesta más danzar en sus vuelos, en la libertad bajo una bóveda celeste donde la atmósfera se hace irrespirable. Tanto, señora, que no hemos avanzado mucho o sí ¿Usted qué cree?

No logró comprender de esta conversación y sigo su ritmo. Se me hace raro. Todo es raro. Esta situación de mi vida, este sitio, este viaje.

-Sí, el futuro es incierto. Hay anomalías que hacen daño y ese daño viene a nosotros. Es verdad, ya no se sienten tanto los pájaros trinar. Se habla de islas de plásticos. Se habla de ríos de basura. Se habla de la desertificación. Se habla de catástrofes aún con más virulencia. El clima está cambiando, aquí, en todos lados. Los hijos de esos demonios de la sed, del hambre, de las enfermedades huyen y aun lo ignoramos…lo ignoramos. Ya no son las guerras sino el agua, los virus. No es especial que enfermedades erradicas en occidente vuelva a la luz, eso pienso . Sí, el futuro es incierto.

-Parece usted comprensible, señora. Es extraño encontrar alguien que escuche a la tierra. Sí, eso señora, escuchar a la tierra. La tenemos que escuchar en su silencio. En su herrumbre presa de incendios de despiadados, en sus muertos por guerras idiotas que llevan a ninguna parte. Más…¡Más¡ venganza, solo eso. Le puedo hacer una pregunta…no suelo hablar con nadie, ya sabe como están las cosas ¿A qué se dedica? Y perdón por la intromisión.

Perdón por la intromisión. El reflejo de sus palabras me deja ensimismada. Tu actitud respetuosa clava en mi la confianza…la confianza de confiar en él, en ella.

-          Soy investigadora.

-          -Uhm, interesante. Y puedo hacerle otra pregunta más.

-          Sí, muchacho.

Compenetrados, esta es la palabra exacta. Cómplices de una conversación que se va hilando de modo natural y sencillo, sin el asalto de lo artificial.

-          ¿Qué investiga? Por curiosidad, me parece usted una persona interesante.

-          El medio ambiente . Si investigo como la basura espacial , hará añicos el sueño de muchos en el mañana. Llegará un momento en que las naves espaciales no podrán salir de la atmósfera terráquea siente presa de la basura que orbita entorno a este planeta. Creará un caos, porque ya sabes, buscamos otros planetas donde la posibilidad de vida sea suficiente para dentro de décadas. Este mundo está sufrimiento una polución tal que somos hijos insostenibles del mañana, cuando el mañana debería ser mejor par los herederos de este planeta. Un entorno sostenible donde hombre y tierra conviva en respeto y armonía.

-          Uhm. Me recuerda cuando dice donde hombre y tierra conviva en respeto y armonía a mi padre. El siempre lo decía, el hombre de la mar, de cetáceos hablándole cuando salía a pescar para llevar su mercancía bien temprano al mercado. No me mire así, señora. Mi padre, un humilde pescador y que todos llamaban Tragalunas me crío lo mejor que pudo. Y yo creo que falta de mi madre , lo hizo de la forma más excelente que se pude hacer. Saqué mis estudios, me cultivó en la cultura y la libertad y aquí me ve, este soy yo. Siempre…siempre hablándome de mi madre. OH, mi madre.

-          Al verlo cerrar los ojos cuando pronuncia aquella mujer le digo lo siento. No sé por qué, un suspiro contenido lo agarra, lo acoge y por su tez , frágil, una lágrima deja que recorra su piel hasta su cuello, perfecto.

-          No. No lo sienta señora. Mi madre se marchó, no me refería a ella como si estuviera muerta. Ella es de Lobos, supongo que seguirá viva. Eso decía mi padre, que allí es feliz, que allí hizo su vida y que el la visitaba cada vez que se embarcaba. Siempre me decía , no sientas desazón, no te molestes por que ella no está. Si la necesitaras vendría.

-          El muchacho se levanta. El muchacho coge la guagua del aeropuerto no sin antes darle un apretón de manos y beso en la mejilla. Estando para subir, mira atrás y ella lo mira y lo mira…no sabe si es una ilusión o una visión dos alas de mariposas de colores como el arco iris, salen de su espalda y desaparece. El guitarrista continúa con su actuación y ella ahora recuerda esa canción que toca, se levanta, le da unas monedas y vuelve al sitio que estaba. El autobús con el muchacho o muchacha de alas de mariposas de arco iris ya se ha ido. Meditativa saca un libro de su mochila y toma apuntes. Apuntes que rompe en ese preciso instante porque no sabe como describir tal situación. Las claraboyas de la estación le dice que el tiempo está cambiando, todo se va haciendo más gris, más pesado y un olor a lluvia penetra en sus fosas nasales.

viernes, febrero 14, 2025

LA VISITA(NARRATIVA)8

 

8

No quiero ser consciente de este presente. Hoy a mediados de febrero devuelvo mis ojos a todo transeúnte que sube en este vehículo. Miramos los móviles como si nuestra pendiera de ella. Miradas cabizbajas , fijas, quietas a como evoluciona un rectángulo que nos dicta la era que vendrá. Sordos, nos batimos en la nada, en el vacío. Falta emoción, falta la mano humana, el trato de la existencia como seres de este planeta. Somos por condición innata sociables, pero, los espejos del hoy nos lleva a un aislamiento que hace un pasadizo oscuro hasta que una mirada se cruza con otra. Me entra frío aunque el sol brille en su aposento más álgido. Y necesitamos calor, mucho calor para que nuestras manos se unan como fortaleza a un espíritu libre, esperanzador, crítico. Penetro en mi persona y olisqueo el abismo de mi soledad. Un mundo de gentes solas y asiladas. Tenemos que sentir, sencillamente. Destruir esos candados que no deja entrar la palabra en las sombras que nos atraen, que nos seduce. En su recorrido hasta la estación se fijó en los que entran , en los que salen…en los que salen, en los que entra. Todos con la misma postura. Con ese modo peculiar del siglo XXI de insonorizarnos a otros. Mientras sus ojos vibran en cada persona, en cada postura piensa en el trabajo que ha de realizar en los montes sagrados. Hace un recorrido esquemático por la historia del mundo y todo se repite. Ya nuestros ancestros ante de cristo sabían del firmamento, de sus condiciones, de sus movimientos e iban construyendo sus pueblos en torno a ese dios sagrado llamado sol. Tenían una conexión espiritual más allá de este mundo, el más allá de nuestra atmósfera los atraía como inducidos a sus vivencias. Así giraban, entorno a los equinoccios, a los solsticios como ejemplo de cosecha, de lluvias , de un clima yermo para la subsistencia. Y adivinaban. Y acertaban. Es asombroso el ingenio humano en siglos atrás hasta que todo se oscureció con la llegada del cristianismo. Un apagón que nos llevó a un retroceso, a un parón que ahora intentamos recuperar en ciertas zonas de esta esfera ¡ Oh, cielo divino¡ traes el alimento para el hacer cotidiano. Y le hacían homenajes, tan magnánima que aun queda de sus arquitecturas, esas estructuras en cada cultura distante una de otras y con una respiración en común, el universo. Y en todos estos años , qué hemos aprendido, guerras estúpidas, opresión obsesiva, matanzas convulsas que nos lleva a lo aberrante, a lo tétrico, a lo horrible que somos. Se baja de la guagua, ya ha llegado a la estación y un hondo suspiro la conmueve, ve dos chicos besarse, ve dos chicas besarse, ve un chico y una chica besarse y considera que eso es la belleza en ese preciso momento, todo un instante que se vuelve eterno hasta que la muerte nos separe de lo terrenal y nos lleve con onda y energía lejos, muy lejos donde la materia , lo material no tiene cabida. Y ese momento lo desvía de su mirada , ensimismada en sus cavilaciones. Ella, sola. Sí, sola en la época de los solitarios. Mira el cielo ¡ Oh, cielo divino¡ traes la condición de nuestro mañana…un mañana incierto, algo estropeados, algo corroídos, algo insostenibles, pero con la fuerza suficiente para equilibrar el todo. Todo este todos que nos absorbe en un futuro mejor, más elocuente a las manos unidas. Sí, las manos unidas para desbarajuste de estos días, de esta contradicción que nos ampara.

 

 

 

 

 

 

martes, febrero 11, 2025

LA VISITA(NARRATIVA) 7

 

7

Llega el autobús, me subo con lo pesado de mi mochila. Es invierno y me he defender por lo que pudiera pasar, hasta un botiquín de primero auxilios llevo por si hay que trepar por esos senderos donde jamás sabremos de su ayer con certeza. Me siento al lado de una anciana. Me saluda. La saludo. Es mayor pero su vitalidad todavía promete en las estaciones venideras. A veces caracterizamos a las gentes por su rostro, por su presencia ante nosotros, pero no captamos el espíritu de su reconditez. Esta señora quizás sea más capaz de mucha de la juventud de hoy. Una generación en crianza de una sociedad patriarcal, machista y una dictadura que le quitaba la paz tal vez de sus despertares. Y no hace mucho, creo estar viendo en ella el espejo de esa represión que la ha  esculpido con esta fortaleza del hoy donde su verticalidad permanece intocable. Es como un soplo de vida tras la calvicie de las ataduras, de las censuras, de las prohibiciones. Ella, es una mujer que se ha ido moldeando al paso de los años, al paso de innumerables azotes del vivir, de expresar lo que siente. Y , me detengo, la miro, le sonrío, volvemos hacia atrás, una descomunal cultura en ser todos autómatas, con el pensamiento crítico borrado de la manera de ser, imitando el comportamiento de quien tenemos al lado, imitando esos disparates que describen una sociedad de analfabetos del pensamiento. Me habla, me dice algo del tiempo y yo asiento. No la he entendido muy bien y comienza a hablar conmigo así sin más. Me dice de su juventud, cuando iba a la isleta disfrazada en la huida de esa libertad arrebatada. Me dice de sus disfraces, en la época franquista, sacos de harinas rematados en los ojos de la fantasía, de esa ilusión y ganas que se tiene cuando volamos en la sombra de un pueblo, escapando a cada atizar que podría condenar en prisión. Sus ojos azules, sus ojos claros, sus ojos transparentes transmiten viveza y un regocijo que la llena y la hace caminar, seguir adelante. Se me hace ameno este viaje, la visita de ese saber de épocas pasadas. Las inhalo, las vivo como si de mi se tratara. Sube por las calles de esa vieja Isleta donde todos se reúnen. Una congregación para celebrar los abismos de una religión, de una política que llevo a muchos a la marcha, a los calabozos, a la muerte. Una época donde la miseria imperaba, pero sobre todo esa unión pacíficas de sus manos en la lucha, en la resistencia. Si, resistió, tanto. Que ahora el placer de su felicidad la lleva de autobús en autobús como si fuera una segunda, una tercera juventud embarcada donde la vio parir. Otros muchos se fueron , me dice, se embarcaron rumbo a las américas en busca de la buena fortuna. Y esos muchos otros, se olvidaron de sus familias, de sus mujeres, de sus hijos. Otros, y esos otros volvieron no sin con alguna sorpresa y de nuevo se iban y de nuevo regresaban  y de nuevo la nada. Mientras los más listos hacían trapicheos en el muelle, este muelle edificado con las ganas de una Europa. Y ellos eran los cambulleros y se hicieron ricos, hija ¡Qué si se hicieron ricos? Ricos y avaros. Ese intercambio de mercancías por dinero. ….Esos alemanes, esos ingleses…aun conservo objetos de la época hija. Aquí está mi parada. Se va, casi sin despedirse, se siente orgullosa de la época que vivió y sobrevivió. Sigo en mi ruta hasta la estación. No queda mucho…pero no hay prisas…no hay que tener ganas de correr …todo a su debido tiempo y allí tendré que esperar hasta la guagua que me lleve próxima donde los ancestros ovacionaban las montañas…las montañas sagradas. Miro por el cristal de la guagua, miro cada persona que entra y visiono un mundo distinto al mismo, una visión cambiante a medida que van pasando. El cielo se ha vuelto a nublar, así somos, estamos bien, estamos más o menos y estamos bloqueados. Así es la vida, una vida recorriendo las sombras y luces del tiempo que no volverá. Hay que aprovechar cada instante como si fuera eterno, como si fuera un filamento de oxígeno, de agua, de oro. La anciana, ya no está. Cualquiera sabe si me la encontraré otra vez, me ha enriquecido, un gusto charlar con ella. Con su maquillaje desfazado, con sus arrugas añadiendo cada situación de su vida, con sus manos de anillos que quien sabe de donde provienen. De un barco extranjero, de algún emigrante de sus antepasados, de algún amor perdido.

 

 

 

 

 

domingo, febrero 09, 2025

LA VISITA(NARRATIVA) 6

 

6

Con la destreza que envuelve lo misterioso, lo oscuro, lo absolutamente quebradizo abre ese paquete, esa carta sin remitente. Sus ojos se posan en una foto en su primera impresión. Intenta averiguar donde es ese lugar, ese sitio tan ramificado en sus raíces. Su tentación se despierta y sabe de donde se trata, son las montañas sagradas por los ancestros de la isla…de la isla. Un viaje la separa por un instante de esa imagen y sus ojos vuelan en el pasado, en ese pasado remoto de miles de años. Un viaje que la ampara en las antiguas civilizaciones de la islas…de las islas. Y tras ella una pequeña carta. “ Hola Enma, te escribo porque me es necesaria tu ayuda en el estudio de estos monumentos naturales de nuestros antiguos pobladoras, de esos aborígenes venido supongo que en emigración en las huidas de las batallas del norte de Africa o posiblemente abandonados como castigo en este pedazo de tierra en medio del Atlántico. No se bien, por ello te envío esta foto del Risco Caído con sus montañas sagradas de antaño. Tu sabes bien que soy compulsivo con lo que desconozco. Se aproxima el equinoccio de primavera y quisiera saber, ser contundente con mis ideas, con mis investigaciones. Sabes mucho de esos temas y espero contar con tu ayuda” Ella cierra los ojos, respira profundamente. Y se marcha donde las costumbres antiguas abogaban en la isla. Dibujo un cielo límpido, sin secuelas lumínicas por la polución. Dibuja aborígenes que no sabe muy bien de donde vinieron. Pero lo seguro por ese mar que nos protege, ese mar donde en las precoces horas de la jornada fue a nadar y entabló conversación con los cetáceos. Observa esa foto y se desplaza donde los cantos, los gritos, la suplica, la oración era todo cómplice con el firmamento. Se yerta y se erige a su habitación, saca algunas cosas necesarias sobre todo de abrigo. La visita le espera, se elonga en la memoria de los aborígenes y comienza a divagar como pudieron con tanta exactitud averiguar los equinoccios, los solsticios para continuar, para amparar sus vidas en los siglos de los siglos. Se llevará una mochila, sabe que cuando se acerca uno de estos fenómenos astronómicos se desencadena una febril creencia en el presente por las gentes. Algunas supersticiones que nos lleva a la absoluto absurdo. Le es pesado abandonar por días su techo, estas paredes que la ilimitan en sus sueños, pero la causa es tentadora, lo desconocido se atreve a llamarla para investigar que hubo detrás de esas estructuras que en el día de hoy se conserva. Se traslada a otras civilizaciones y todo es semejante, unas más avanzadas, otras menos. Y es que se confirma que algo detrás y ese algo que ahora no estás , que nos ha dejado vencidos por los miedos y la carencia de empatía y humanidad de los terrestres o marcianos , porque todo indica que nuestra existencia se expande más allá de los confines de este mundo.  Introduce piezas en su mochila. Revisa la casa cautelosamente, apaga la música esa solemne aria que no deja y deja de rotar y sale. Sale con el acero de un invierno que llega a su final, le azota en su rostro una brisa gélida, una brisa que cuenta de un cielo claro y puro. Es hora de partir, ahora que es temprano. Y a la sombra de una ciudad despierta espera en la parada, tendrá que cruzar toda la ciudad para llegar a la estación y continuar su ruta a la cumbre. Su visita será un aliciente que con el pellizco de una sonrisa la llevé tal vez, a un emocionante recorrido del ayer.

 

 

 

 

sábado, febrero 08, 2025

LA VISITA 5(NARRATIVA)5

 

5

Uhm, ese beso. Esa caricia. Sumergida en un pensamiento casi obsesivo la llamo. Voy a ese cajón de la mesilla de noche y saco sus cartas, su aliento. Respiro hondo, un inspirar y espirar que culmina como relámpago en la madrugada de los sentidos. Recuerdo aquel jardín , aquella plaza donde nos conocimos. Ya anquilosado en el abandono por el paso del tiempo. Recuerdo como se desbordó en mi un temblor ramificándose por la espalda hasta ese saludo. Hasta ese hola que nos fundió en un iceberg en el más absoluto aislamiento en el cuchicheo de las miradas. Y nos miramos…uhm, aquí en mis manos débiles conservo aun sus garabatos sobre papel. Una letra distraída, natural , nacida de la sombra del pasado. El pasado, ahí queda, en el remoto camino sin retorno que solo contemplaremos cuando la memoria acecha así, en estos momentos de soledad y silencio. Uhm, pero esas cartas, me dan pereza romperlas, tirarlas al viento. Fue hermoso, pero cada uno tiene que seguir su senda como los destinos no convocados por el mecer del oleaje. Y la olvido. Y la guardo. Y soy gravitar donde las luces de este invierno encienden mi nuevo latir. Vamos cambiando a lo largo de los años, no totalmente, pero los años nos marca cada paso continuo a dar. Una cierta mezcolanza la desvía de ese propósito de abrir la carta llegada. La mira. …Sí, la mira, ahora que es otra, ahora que la mañana avanza embelesada en ese ayer. Suspira. Un suspirar profundo que la contiene en la entereza, en la fragilidad de sus pisadas. Su desánimo , su falta de ilusión se las arregla para dejar esa carta. El túnel se desfasa y entra en la oquedad de su carácter. Una mujer testaruda. Una mujer de si misma. Una mujer en los vuelos de los mirlos cuando se enciende el día. Una mujer causante de esa armadura que la ayuda para ser ella misma. Que más…Sí, ser uno mismo en cualquiera de las condiciones que tome las líneas de la existencia. Por ello en las vivencias no vale todo. No, no vale todo. Cabalgar donde las constelaciones marcan rigurosamente tu singularidad. Una singularidad no particular sino un baúl de secretos que van focalizándose a medida que los años nos envuelve en madurez. Se frota los ojos y despierta, se despereza como si hoy quisiera conquistar algún sueño perdido, algún sueño estropeado que se embellece con solo el cántico de sus alas. Se aproxima a la carta. Cuidadosamente la abre. Cuidadosamente vuelve a saber del aroma de su brisa pero no contesta, permanece callada como callan los que después en los columpios ofuscados por guerras perpetuas. Y es que así es el ser humano querida. Sí, es así, hagas bien , hagas mal siempre incordiando hasta los más frágiles, más delicado. Y dónde está esa delicadeza. Unos buenos días, un sombrero que nos proteja de todo mal como esta atmósfera terráquea. Y dónde está esa delicadeza. Somos sobornados por la hipocresía, una mentira que mantiene al mundo….sí, al mundo, que no son todos sino algunos en vilo , apartados de lo real, de la verdad. Y es que cuesta tanto ser verdad, ser natural como las alas de mariposas frágiles…muy frágiles.

 

 

 

 

martes, febrero 04, 2025

LA VISITA(NARRATIVA) 4

 

4

Escucho las noticias de la mañana mientras deambulo en el aseo de la casa. Dicen que puede que exista agua en otros lugares del sistema solar. Este sistema solar enigmático, inmiscuido en lo extraño,  inflado de lo desconocido. Buscamos agua y no por el mero echo de que puedan existir otras vidas sino para nosotros, los terráqueos. Tan importante es, que levitamos en esta era espacial como la búsqueda de la colonización desesperada de esos otros habitas, de esos otros mundos para expansión ha posteriori. Necesitamos aguas, esa agua por el cual nos confrontamos en tierras donde la desertización es explosiva, aferrada al terror. El agua de la vida. Nos ayudará por otras exploraciones espaciales aparte de la atmósfera de dichos satélites, planetas. Tomo un vaso de agua, del grifo no creo que me cause algún daño aparte de esta atmósfera cargada. El sol esta en su grado más alto y luce su traje broncíneo como lo máximo de vida. Se yerta en su salón, un salón luminoso donde toda la energía solar se expande por sus paredes, abre las cortinas y se sienta de nuevo ante esa carta, esa carta con remitente a mano. No sabe en su callar de que va, pero para ella le es lo mismo. La mira , la huele ese olor que la lleva arboledas perdidas en algún lado del hemisferio. Es de papel reciclado. Y otra vez el agua, se necesita mucha agua para reciclar papel. Bebe otro vaso de agua, se limpia todas sus entrañas mientras en sus manos la carta se vuelve atrás adelante, de adelante atrás. Y antes de abrirla imagina…imagina que podrá ser. Se asoma por un momento en su balcón, los geranios están secos, le quita las ramitas secas y les remueve un poco la tierra y los riega. Agua, agua…será algún agravio en lo posterior que colonicemos esos mundos, esos satélites tan lejanos que aún lo contemplamos como una película de ciencia ficción. Habrán banderas designando territorios, la fraternidad de la defensa planetaria está en estos instantes un poco estropeada. Seremos como esos navegantes del cosmos al encuentro de nuestro territorio, soplaran banderas de los primeros conquistadores, se liara una espesa bruma con el de quien es cada espacio conquistado. Todo se repite, los genocidios, las colonizaciones y por tanto los pleitos y batallas perdidas. Siempre lo mismo, estoy harta de tanto y tanto lo mismo. Somos obsesos compulsivos con el poseer y poseer tierras que no son de nadie. El agua , el agua. …Uhm, no esperaba su poder tan fascinante, por su poder tan aborrecible cuando las guerras contribuyen más y más a lo malévolo. Yo aquí, ante está carta. No se dé su contenido interior, pero me agazapo que será algo inesperado, alguna sorpresa que alguien me quiere dar. Y sueño…Y sueño con lo bello que es la vida, con magnífico que es tener esa unión con el agua que nos empuja a estar vivos.  Porqué no escribe su nombre el remitente, dentro hay un libro o un bloc o lo que sea.. La  olfateo para saber de su olor, para saber de quien es. En la memoria conservo los alientos de las gentes próximas a mí. Esa fragancia peculiar , particular que cada uno de nosotros poseemos. Pero no atino, no descifro su origen. Apaga la radio y sigo con las arias de ciertas óperas. Se viste en su habitación y se mira al espejo mientras lentamente se va poniendo cada una de las piezas. Se acaricia su vientre, abultado, inflado, entrado en la menopausia y su cambio desde hace algunos años es evidente. Unos kilos de mas moldean su figura, aún así se sienta bien consigo misma, lo acepta. Solo piensa en vivir , en armase hasta los ojos y ser brío de una sonrisa  aquello que la llama , que le atrae, que se sienta bien. Agua, necesitamos agua como aliciente para continuar, como encuentro de nosotros mismos, como eco del mañana.


 

 

viernes, enero 31, 2025

LA VISITA(NARRATIVA) 3

 3

Puede ser que soñar despiertos sea un alivio, un escape, una escusa del presente. Ese presente consumida en la obsesión, en ser parte de una atmósfera que no perteneces. Intenta en su cavilar como puede ser complaciente con lo que hay a su rededor. Se consume en la vaguedad, en lo perezoso de ese de retomar fuerza y romper el silencio ante las conversaciones triviales, absurdas con las gentes próximas  a sus pisadas, a su día a día. Cuenta con los dedos de su mano sus amigos reales, lejos …muy lejos. Están en otro ambiente que los fortalece y los estimas. Mientras , ella, se queda así con su raciocinio pendiente de una llamada, pendiente de llamar a aquellos que la valoran, que la consagran como persona normalizada con sus alientos, aunque invisibles , precisos para escalar en su yo. Mira la carta, en la mesilla. Sentada en el sofá vaga y vaga en la ensoñación, en ese mañana que tal vez no sea mañana sino un hoy envuelto en la maravilla de ser superviviente de una comunidad obsoleta, estrecha, agresivamente violenta con su manera de visión del mundo. Y se enciende una voz de orgullo. Y se enciende una voz estimulante. Y se enciende una voz equilibrada. Y se enciende su ánimo a través de esos ecos de su silencio ante lo fatal, ante las estructuras cinceladas con el desprecio, con el despecho. Parece que tal vez precipicios ambulen a ras de mi espalda. Parece que mi voz , callada, se anquilose en un reservorio insano. Parece que domar nuestros enojos, nuestros demonios nos lleven a esa vía donde la amplitud del universo conspira para ser entregada a la serenidad, a la paz. Y es eso, la paz, el respeto enhebrado a cada azotaina de nobles brisas. Normalizo mi existencia, soy ave de alas blancas, de alas negras dispersando el crepúsculo de mis pisadas al son de una memoria del olvido. Y olvido, porque olvidar es bueno, olvido los daños irreversibles en mis hombros, en mi garganta rajada , en mis manos que abrasaron la confianza. Esa confianza confiada de que todo está bien. Y  ahora que maduro. Y ahora que se somos hijos de estrellas, de cometas, etc. Y ahora que la mañana rumorea el canto de los pájaros, aún. Y ahora que continuo suspirando. Y ahora que los punzones son desmemoriados. Y ahora que estoy aquí, sola, en un sofá mirando ese trozo de papel que quien sabe quien lo envío. Y ahora que me es sabroso estar en ese subterráneo pasadizo intocable, intangible para todos y pincelo mi mundo. Y ahora que mi corazón se siente en la solidaridad de este esfera donde los espejismo de las infracciones graves, crueles, indecibles con la humidad son evidentes. Ahora…sí, ahora, habito donde los amores están en los cajones del recuerdo. Y ahora que río, enciendo la una lámpara y soy razón de vivir….sí, de vivir. Se levanta se dirige a esa carta y se la lleva a la cocina, camina por los pasillos de su casa como si fuera una fortaleza donde ella es la protagonista de todos sus actos, de todas sus reacciones. Antes de abrirla, toma café con canela y una pizca de azúcar. Uhm ….ese aroma , tan atrayente, tan imantado al comienzo de la jornada. Se sienta en la cocina con la carta sobre la mesa, con el café saboreando sus labios, todo su temperamento, todo ese carácter esculpido en los años. Mientras el despertar suena, una canción de suena. Uno de sus temas favoritos que la hace ser más contemplativa, más grito de su persona. Escucha los pescadores de perlas, dueto de Bizet. Y ahí la tonalidad de Alfredo Kraus encara una nostalgia magna.  Mientras escucha se sumerge en este aria desprendiendo toda su tensión, toda su personalidad en pensamientos que conducen a lo misterioso. Por un instante se olvida de la carta pero vuelve a tenerla entre sus manos. El remitente es escrito a mano y no reconoce esa letra. Mayúscula tentación de lo que puede aguardar. Solo su sello, que marca que es de la isla. De estas islas tan chiquitas y amplias a la vez. Donde todos nos conocemos. Aunque su población ha ido en aumento degenerado , tan revuelto en la polución automovillístico que ya es imposible conducir cómodamente. Y ahora que todo cambia. Y ahora que la oscuridad es luz. Y ahora que me embriago de mi misma. Y ahora que mis costumbres se vuelven ritual diario. Y ahora que estoy solo, me trajeo de afables ganas. Ganas de compartir todo mi yo, aunque lo aplasten, aunque lo designen en una papelera. Y ahora soy yo….razón de vivir.


miércoles, enero 29, 2025

LA VISITA(NARRATIVA)2

 

2

La madrugada se junta con el amanecer. Todavía en la playa no pasea nadie, la visita de sus  habituales parece desaparecer en este clima inestable, ramificado en un invierno que enciende nubes plomizas sobre sus ojos, sobre sus pisadas, sobre sus espaldas y parece retenerlos hacer una grávida pausa en sus costumbres. Saco del armario un bañador, un viejo bañador liso. Bajo con una toalla y un polar como abrigo. Camino un pequeño rato por la avenida hasta llegar a la altura de la playa chica, lugar donde la marea parece estar en más calma. La casa roja me mira, una casa roja de muchos años, estancada en el tiempo , remodelada a disfrute de sus dueños. Piso la arena, húmeda, fría, antipática. Gaviotas y pardelas alborotan esta mañana donde aun temprano la nada convive con ellas, solo la marea. Dejo mis cosas y me aproximo a la orilla, aunque el tiempo apunte malestar la marea esta bajando. Tengo frío, un aliento a algas y caracolas me recorreré como parte de esta isla. Es tanto la gelidez del aire que mi cuerpo se halla a la misma temperatura que el agua. Despacito, haciendo amago de algún ejercicio introduzco mi cuerpo en la amplitud de la marea. Y nado…nadar en lo interminable del océano. En mi ruta observo banco de peces, sargos, fulas, salemetas , etc….Mi sentido tomo aliento , por un instante la fatiga me viene, me falto poco para llegar a la barra, ese amasijo de piedras donde la historia de formación de la isla cuenta. Llego y me siento, respiro pausadamente para recobrar las ganas de seguir. Mientras miro ese horizonte, la isla vecina se ve con claridad, eso dice que vendrán más y más lluvias. Y llueve, estoy mojada, no importa. Después de la barra el mar profundo, el mar rabioso, el mar inestable. Corrientes que traen mundos misteriosos, oscuros a la superficie. Un cetáceo pasa por mis ojos. Varios cetáceos pasan  por mis ojos. Detenidamente suspiro y contemplo este hito en mi vida. Una gran masa de animales admirables tanteando las proximidades de la barra. Es como si se comunicarán conmigo. Les hablo, como si fueran dioses de este inagotable e infinito océano. Les hablo, como si fueran existencia que con su canto gutural enviase mensaje de nuestro destino. La alegría y una cierta paz empapa mis miembros, helados, tiesos, descansados. Aprovecho para conversar con ellos, ahora, donde el silencio de las gentes puebla este zona. Aprovecho para enviar un saludo cordial. Y ellos me contestan , me hablan de lo amargo que es a veces el océano, un océano de la nada donde lo violento puede desalmar vidas, donde la huida, está presente. Y ellos me contestan, en su movimiento rítmico, acompasado con la tonalidad de la vida, de una existencia realzada en el fluir de los vientos. Considero este instante casi perfecto. Sí, rozo la perfección cuando las ballenas erigen a mi y me escuchan. Y me dicen, de la oscuridad. Y me dicen, de las muertes. Y me dicen de la paz. Y me dicen , de la desesperación. Y me dicen , de lo bello que este mar. Me vuelvo a la orilla, nado hasta la playa con una energía repuesta, con el orgullo de esa visión, de ese dialogo con las hijas de este mundo. Ya hay personas rutinarias a la vez que un sutil sol quiere venir. Cojo mis cosas y me voy a casa. Miro el buzón, una carta. Subo y la dejo en la mesilla. Tengo frío tal que quebranta mis huesos, el sol se aviva más. No tengo ganas de ducharme y me dejo el salitre, dicen que es bueno para preservar la piel. Me visto, no sin antes planchar la ropa, este será el calor que me zanjará este tembleque mío.  Y se sienta, ella, se sienta. Sus pensamientos recorren ese crepúsculo donde ha avistado los cetáceos, donde ha charlado sobre las devastadoras inclemencias del humano, donde ha visto la realidad de los días, la inevitable perfección de sus movimientos. Que somos parte del agua. Si seres del agua, de algún cometa que ha dejado del hielo de sus escombros vida en este planeta. Y sentada mira la carta, sus ojos gravitan en la letra del remitente. Se pone las gafas, el tic-tac de la jornada avanza y el tiempo que no es tiempo la lleva a abrirla. No sin antes tomar un respiro y ser parte  de ese encontrarse con si misma. Lee sus pensamientos y los sueños se acuerdan de sus prisas, de sus miedos, de sus ganas de vivir. Se acuerda de su juventud. Tan lejos que es imposible renovarla además que no lo deseo. Acaricia ese sol que viene, el temblor se ha marchado, ha perdido el rastro de toda su vida pasada... Y ello le sienta bien, se asoma a la ventana y sus pulmones se inflan del hoy, de ese vuelo en la tranquilidad de sus sentidos, de sus emociones.

sábado, enero 25, 2025

LA VISITA (NARRATIVA )1

 1

El nocturno se amansa después de una febril lluvia de días atrás. Una luna desvaída se deja ver en alineación planetaria. El estado de las cosas, cada una en su lugar, anuncia lo quieto de las vivencias. Ella, la sonoridad del silencio, el acogedor sofá donde los sueños combaten para fluir como un eco vertical fluido en la solidez de su postura. El nocturno se despliega, los coches de una ciudad abarrotado de su polución respiran a través de las mareas. Ella, en una isla, en la sonoridad de las pardelas que con su llanto designan una soledad de las playas…playas vacías. Se asoma a la ventana, no la abre, hace frío. Ve esa soledad de la orilla, quizás alguien parece  pero, no. Es un invierno donde las luces de febrero se dejan ver. Ya hace cinco años de la pandemia. Las estaciones se van, vienen , revueltas en emociones distintas. Pensativa, con sus ojos puesto en la playa se siembra de un tremor en su piel. Su casa vacía, solo ella y la noche. La noche y ella. Esta soledad interfiere en su vida de una manera a veces sopesada. Llevándola al pasado, a ese ayer donde todo era normal o ello supone. La normalización de estos días cae un lamento de los ciudadanos que estallan en una mala educación, en una estupidez, en un calma reventada hasta ser grito de sus propias entrañas. La noche sigue, ella, la sonoridad del silencio. Ya no espera a nadie, se ha acordonado como se acordona una isla con el mar como grilletes del aislamiento. La desconfianza puede , tal vez, que la haga peregrinar en esa dejadez de tomar la palabra con las gentes la isla. Gentes extrañas, de vez en cuando. Se aparta por un momento de la ventana, enciende la tele, una película resuena en oídos, en sus ojos. Se arrima mientras la escucha de nuevo a la ventana, un viento veloz y feroz se ha hecho impertinente. Todo cambia, así, de manera radical, causando un desdén con lo bella que era esa noche de invierno. Aunque porqué no , el viento también tiene su belleza, ese imaginario invisible que nos muestra su poder para el olvido. A ella , sí, a ella le han contado, que las gentes del sur en esta constancias de el se vuelven delirantes. Creen que amargas y malos espíritus vienen ha arrebatarles todo lo que poseen. Creen que es un castigo de algún dios perdido en algún planeta de este eterno y cambiante universo. Desde su ventana mira el firmamento, el viento es cada vez más fuerte y trae nubes, nubarrones que traerán chubascos y ensuciarán sus ojos ante lo hermosura delicada de esa noche. La tormenta estalla, una masa de aire caliente se alimenta de una fría y plus…truenos y relámpagos son vivencias de sus propias vivencias. Llueve, llueve a raudales y el viento no se relaja. Ella, en la sonora soledad, sigue en la ventana que ahora cimbra ante la borrasca. Y también le gusta ese estado de la climatología, esa potencia del viento, esa agresividad de la lluvia. Se dice para si misma, que se lleve mi ayer, que se lleven esta memoria mía así, como una amnésica en medio de una nueva visión, un nuevo mundo. Suena el móvil. Lo mira, está tan a gusto con esta situación atmosférica que no lo coge deja y deja que suene y más al no ser una llamada identificada. Se detiene el viento. Se detiene la lluvia. Se van las nubes y otra vez ese limpio firmamento trotando en su mirada. Lleva en las manos un tazón , con café. Ya en sus años le da igual permanecer dormida como despierta , no tiene hora, para su café. Fluye una verdadera admiración por estos instantes. Su café, el frío, las estrellas , la noche. Uhm la noche, una noche donde siempre guardará algo de misterio, con un carácter refinado , fuerte y callado. Provocativa, magnética en el sentido de su olor y es que huele, a humedad, un frescor como de colonia recién salida de la ducha. . La desvaída luna todavía se deja ver y se presta tranquila, cómoda en el entorno de su reconditez. No tiene prisas. Y es que no hay prisas para acostarse, quiere ingerir todo su cuerpo. Ah, el nocturno, donde las almas danzan en playas vacías, ahí…si , ahí, tras las rocas donde rompen las olas donde nadie las ven. Ah, el nocturno, se presta ese faro donde el mar lo rondo y se arrastra con su espuma. Ah, el nocturno , donde la añoranzas le hacen que una lágrima sedienta resbale a ras de su mejilla en memoria de ese amor ido, marchito, yermo ya en sus manos.


miércoles, enero 22, 2025

LA PROFUNDIDAD DEL OCÉANO

 


La noche. La profundidad del océano. La frontera. La esperanza. Cuerpos expulsados por bestias negras con la promesa que ya está próxima la isla, los sueños, la paz. Uno a uno van cayendo en una barca o cacuyo cuyo destino se vierte en las mareas del presente. Uno a uno van hacinándose en esa embarcación cuando la luna medita sobre el planeta tierra. Las estrellas amparan todo el cielo y la vía láctea es una ramificación de materia estelar brumosa que los observa. Comienza el viaje, así, todos juntos, todos callados, con la mirada al frente siempre al frente donde los vientos invernales los lleve. Los jornadas pasan. Sin agua. Sin alimentos. Todos apretados con la incertidumbre de que lo gélido de la atmosfera no les rompa la respiración.  La debilidad se concentra, es epicentro de esa onda sísmica que puede que los desespere, que sus ojos henchidos desparramen el blanco de la nada.

Gaviota:

Somos aves de los mares y siempre lo mismo, la costa está próxima y vuestras ganas entran en una fatiga aguda que se manifiesta en vuestra palidez, en vuestras manos agarradas a otras manos que van a la deriva. Yo no os puedo ayudar solo, dar el ánimo de que la orilla está próxima. El crepúsculo de la mañana viene y os tibiera un poco vuestros carnes , vuestros huesos carcomidos del inacabable frío, hambre y sed.

Sol;

Siempre lo mismo, son expulsados de esos navíos que prometen y prometen que tierra está cercana. Dejados en el imperio de los oleajes. Dejados en la nada de la sonoridad . Dejados en los preñados desprecio de la vida. Dejados a la intemperie , desamparados con el ultimo aliento de existencia. Todo se ha perdido, no tenéis nada solo los ojos, solo una ilusión que se hace borroso a medida que los días pasan. Tomar de mi cuerpo queridos, queridas mías, hijos de las mareas.

Coro:

OH, hijos de las mareas

oH, dioses del amor

oh , navegantes del hoy

oh, humanos al encuentro de humanos . Perdidos en un mar que no habla solo, zumbidos tórridos, tormentosos a vuestros cimientos. Sentís la caída pero a la vez una expectativa buena os lleva a continuar. No hay remedio. No hay marcha atrás. En medio del vacío. En medio de precipicios profundos donde tal vez si, tal vez no quedareis anclados en sus heladas aguas.

Oh, hijos de las mareas.

Oh, dioses del amor.

Despertar, que la existencia reinicie su camino y sean un viento de sus vidas, con alegría, con amor, con paz.

Gaviota;

Los días pasan, rondo donde la tristeza empieza a ser acecho. Donde las baldías ganas anuncian el adiós. Donde la verdad está estrangulada por aquellos que aconsejaron. Donde los derechos son vulnerados por el mal oleaje.

Cetáceo:

Los atlantes os ayudaras, como hijo de sus hijos. Os miran. Os observa. Una soga será lanzada para seguir como parte de este mundo, de este minúsculo mundo. Aguardad, voy a quietar la marea, ha calmarla. La isla no esta lejos, veréis como vuestro sueño se hace realidad en la pesadez del humano. Un largo recorrido os espera. Pero la paz os llevará donde la desmemoria de vuestra tierra, que siempre será vuestra tierra, dejará de ser cuchillos de ríos secos, cuchillos de guerras perdidas. Alimentaos ahora de la imaginación. Aquí, ahora, en medio de la nada de los océanos. Una imaginación que os hace peregrinos de la libertad y la justicia.

Tierra. Se avista tierra. No desesperan estas mujeres, estos hombres, estos niños en su huida. No son espejismos. Tierra. Una tierra temblorosa en sus acantilados, en sus arenas blancas como sonido de la paz y el equilibrio. Una mujer da a luz. Niño nacido en las esferas míseras de la humanidad. Y ese niño sobrevivirá y ella también, aunque lánguida, desangrada. Tierra. Se avista tierra. Alguien espera. Alguien viene. Los guardacostas ya se han hecho noticia de su llegada y van al rescate. Lobos marinos cantan. Los cetáceos son guías. La gaviota se despide y va hacia su presa. El sol soberano se turbia por nubarrones próximos. Y llueve…