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Estoy
aquí, en tu presencia. Te miras al espejo cuando la mañana es bandada de
pájaros. No eres creyente, pero soy ese halo azul rojo blanco que se forma a tus
espaldas. Te converso como quien converso con el ser más amado, tu, hija. No te
das cuenta, pero estoy aquí, tu potente cavilar me traído hasta ante ti. Ahora
te veo mejor, tus alas aún sin plumas son huesos secuelas del pasado. Sabes
hija, estás más delgada. Tal vez haya sido por un viaje duro y cruel donde tu
le dabas la mano a ese niño. Un campo de refugiados, un campo de desheredados
de esta tierra, un campo de martirio, un campo sonde la sórdida agonía te ha
vuelto algo arisca. Mírame como se mira
una estrella fugaz. Mírame como se avecina mi ausencia después de la noticia.
Comprendo que emigrar entre llanuras, montañas hostiles haya creado la gelidez
de tu rostro. Un rostro petrificado, un rostro impotente, un rostro
deshecho. Pero ahora has de vivir, has
llegado y una nueva lucha te espera, la condición de ser extranjera en una
ciudad que no doy nombre, que más da, todas son idénticas. No te duermas hija,
estate con sus ojos atentos. Te miras en el espejo, te examinas y percatas cada
movimiento de tu masa ósea. Qué triste suenan los cuerpos cuando la insonoridad
los ampara. Qué triste suenan las manos cuando lo gélido las acaricia. Qué
triste suena sonrisa cuando te miras y la nada de rodea. Estoy aquí, en tu
presencia. Una calidez dejo pasar a tu cuerpo, a tu existencia para que te animes,
para que no calles, para siguas tu camino. Son muchos años de desasosiego, de
desgracias que aún están latente. Cuando miro ese anciano estático y ese perro
flaco canelo a sus pies me recuerda a ti y a tu niño. Qué triste suenan las
olas de esa bahía que desde tu ventana avistas. Respira profundo hija, saborea
de ese oleaje que trae, que lleva…que lleva, que trae. Qué triste suena tus
ojos cuando un hondo vacío te sepulta bajo rocas indestructibles. Qué triste
suena tus sueños cuando nadie te ama ¡Ama hija ¡Sí, ama! Qué más da. Solo somos
milésimas de segundo en este universo, nada. Aprovecha cada oportunidad que se
te brinde la vida. Qué triste suena tu reflejo cuando desnuda miras tu ayer, tu
hoy. Estoy aquí, en tu presencia, ronroneando el ascenso de tus ganas. No
decaigas, no te marchites donde la sombra de cipreses se empeña en llevarte. Nadie
se alegrará de tu miseria al igual que nadie se alegrará de tu riqueza, de tu
riqueza recóndita. Estoy aquí, mira como energía te atraviesa para quedarse en
ti de manera vertical, positiva. Levanta la cabeza y salúdame…No te duermas. Ahora
me despido con el tintineo de tus pasos. Ahora me vuelvo atmosfera que te rodea
hasta el final de tus años. Qué triste suena la soledad hija, querida hija. La
bahía se ve desde tu espalda y te trae sin cuidado. Ya ha amanecido y el niño
duerme.
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