El crepúsculo inquieto,
un tenor alabanza al despertar. Una cierta lluvia leve paseo de cada vivencia,
de cada eco del ahora. Y el sol viene, viene con su alegría, con la hegemonía
de todos los que asistimos a su existencia. El ronroneo de un gato y el susurro
de la ciudad. Desconcierto en el aislamiento, en las escaleras agrietadas de
tanta humedad. Caemos, nos arrastramos a mundos desconocidos el yo emigra a la
reconditez. Una intimidad que se ahueca en la danza de las mariposas ¡Mariposas bellas¡ Mariposas revoltosas inmiscuyéndose
en los sueños del mañana. La emoción se detiene y sostengo ese suspiro del tiempo
del amor. Quizás inquieto. Quizás estático. Con el presente de su venida en los
jardines verticales de lo imperfecto. El
sanador espera la caída del sol. Supongo en este emerger de mi yo que soy temblor
de las raíces que nutren la tierra. Y ahora vuelvo, vuelvo y el silencio aboga
al vacío. No somos perdurables, solo materia oscura donde el alma vuela y
vuela. El crepúsculo inquieto, la callada manera de mis manos, la callada
manera de mis ojos, la callada manera de mi garganta, la callada manera de mi
cansancio…
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