Las jornadas, destiempo del
erupcionar de las flores en el inconsciente. Una yegua trota con la belleza de
sus negros ojos, con los brillantes de su pelaje curtido en los años . Las
nubes se vuelven pájaros de sueños. La luna se mueve en las palmas de nuestras
manos y la llamamos como encuentro fugaz de un nocturno claro donde los pasos, las
horas se vuelven maravilla de los sentidos. Un perro ladra en no se sabe dónde.
La madre de todas las madres prepara la comida de las raíces de la tierra y una
efímera cometa blanca conversa con la paz. Las jornadas, el aliento se vuelve
azul, amarillo esbozando la sonrisa de alguien que paulatinamente emerge del
silencio, de la soledad. Desde otros edificios las gentes se asoman , un
paisaje donde la marea brota como hermana de nuestros destinos y quietos, estáticos
la amamos. Las jornadas…Ah, estoy aquí, otra vez como superviviente de una
noche donde la conciencia dice levántate…levántate y anda en las esferas
inmortales de este archipiélago lejano o tal vez ausente de la pena.


