9
Todo terminó, esas palabras, esos suspiros …uhm. Entre
en mi casa, me descalzo, un piso de ocho viviendas donde la sonoridad de sus
adentro se disimula con un bueno dísa, con unas buenas tardes, con unas buenas
noches, no más. Me siento en el sofá , extiendo mis piernas sobre el acentuando
mis ojos cansados a un viejo piano.. Que seríamos sin la música y que grandiosa
es. Sí, ¡grandioso¡, percibir esa mezcla de tonos de cada instrumento que a la
vez conforma una pieza descomunal, sorprendente. Es un arte como todo en el arte
algo complejo, algo minucioso, algo trabajoso que no molesta cuando el amor se
empeña en poner la batuta. Me imagino en un gran escenario de telón rojo, se
subo y una ópera es infinitamente brioso en cada escena, en cada acto , en cada
movimiento, en cada voz. Qué grande es hombre , hemos llegado sin saberlo a la
belleza, está belleza que no apreciamos y esta presa , callada en nuestra
reconditez. Me maravilla cada fragmento al final un solo al piano, ahí estoy
ante una sala repleta, observo detenidamente un piano y a la vez miro al
público. Un sudor frío se escurre por mi frente y me concentro de nuevo en el
piano. Estoy solo yo, no hay nadie más. Yo y el piano…el piano y yo….mis manos
intenta que nazca unas notas, algo me lo impide. Miro otra vez al público y
aquí en el sofá con mis piernas extendidas a lo largo de el me da cierto
escalofrío. Me levanto , miro al público, un ligero mareo me amenaza, me
astilla y vuelvo a sentarme en la butaca frente al majestuoso piano de cola. Me
levanto, miro mi soledad, y me siento en la butaca, ahora con la soledad mis dedos
teclean algo, algo que sabe a melodía. Una melodía desconocida se incrusta en
mis sentidos y hago recordar la playa hace unas horas, con mi amigo. Cuando la
marea nos lleve lejos , muy lejos donde seamos desconocidos. Se cae el telón,
hay un ligero aplauso luego, más potente , más energético. Pregunto que ocurre.
Se levanta el telón , todos levantado. He tenido que hacer algo mientras estaba
inconsciente o creía estar inconsciente. Los aplausos se me hacen sordos y cae
el telón y mi mente vuela a donde estoy ahora, en una butaca frente a mi viejo
piano tocando algo por tocar. Sensaciones inexpresables, indescriptibles es
como esos instantes de cuando esta en la orilla hasta que la marea nos llevase.
Ah, esa amistad, perdurable en los años, inquebrantable ante cada bache de la
existencia. Cuando nos lleve la marea,
ella también es música. Una melodía relajante mientras permanecemos juntos. Y
me levanto y vuelvo al sofá, extiendo mis piernas y me dejo que el dormitar me
atrape. Una niebla, un tiempo que no regreso, penetro a través de ella como
hija del bien . Después de ella un arco iris y en su horizonte el océano
regresando a mi vista. Me pierdo este lugar desconocido pero la tranquilidad se
posa sobre mis hombros y me dejo llevar por el llanto de las caracolas. Una
cierta tristeza se acerca a mí, bajo los ojos y apoyada sobre mi propio peso
una nostalgia comienza a liarse en mis sentidos….cuando la marea nos lleve. Sí,
cuando nos lleve la marea en el hechizo de quien sabe cuando bajo la luz de la
plateada , vendrá con margaritas, jazmines y lirios y seremos al unísono uno
solo.
