Viene con ojos tatuados a la
esperanza, al reverder de fronteras ahogadas en guerras absurdas. Viene el beso
de los pájaros, de alas doradas, de vuelos blancos al son de un tambor
pronunciando la paz, la verticalidad absoluta del equilibrio entre la tierra y
el ser humano. Viene…viene con el abrazo de manos que al unísono nos empujaran
por los caminos de una felicidad eviterna. Y viene y esperamos atravesando
tormentas donde el aullido de la pena, del dolor se hace grave, prieto hasta
ser cumbre de la última lágrima en las auroras armoniosas, sosegadas en el
silencio. Sí, el silencio de esta atmósfera enferma de luchas delirantes
sanguinolentas. Viene con los ojos puestos en un lazo plateado de lunas lumbre
de la sonoridad de la calma.

