La lluvia…la lluvia viene como
extraña atmósfera donde nos mecemos en los ojos blancos de la luna. La lluvia…la
lluvia acompañante en los días de inviernos mientras los huidos de guerras
perdidas anuncian un lamento con el aullido indescriptible de un llanto sin
nombre. La lluvia..la lluvia, hace agonizar aquella sonrisa de la desesperante,
de la enfermedad, de unos pueblos que se retuercen mapas no muy lejanos en una
pena que vaga en la insonoridad. La lluvia..la viene viene como extraña
atmósfera donde nos mecemos con los ojos blancos de la luna. No se escucha el
beso de las aves. No se escucha el canto del sol. No se siente la claridad ,
desaparecida en las tierras de la nada. Y qué es esa nada. …una nada perfilando
lo malvado, desfilando lo grotesco, la impunidad de unos hombres rompiendo todas
las luces de un marzo que se funde en nuestras manos como el resonar del
temblor.
Por ellos canto y canto
Por ellos converso con los alientos del hambre
Por ellos soy viento de la herida
Por ellos soy la pesadez de los crepúsculos
Por ellos la tierra se vuelve cementerio
Donde cipreses mencionan el dolor.
Por ellos canto y canto
Por ellos converso con la insonoridad
Por ellos soy viento nodriza donde rompe el llanto.
Por ellos soy grito en las sombras.
Míralos…miralos cuando la lluvia
viene como extraña de cara a los ojos blancos de la luna. Están muertos…están
muertos en la desgana de la paz. Y duele…duele monstruosamente cuando los hombres de las guerras es látigo de bombardeos
en una civilización de las palmas de sus manos dibujan el adiós….el adiós.
