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Sí, el viento hace hincapié en nuestro consentimiento
a interrogar nuestro yo. Un yo enigmático , contagiado de la desobediencia a
las pautas del día a día. Mi yo y yo…yo y mi yo. Emergemos como cuarto donde se
esconde todas nuestras tristezas, todas nuestras alegrías, todas nuestras
opiniones, todas nuestras ideas. Y esto yo agarrado a mi sale de mis adentros y
con ayuda del viento , el viento , en este parque donde me siento ensimismada
en su ayer me reproduce fotogramas de esa vida ausente ya. Aquí, sentada con mis
ojos apoyados a una palmera recojo una muerte, una desesperanza atribuida a la
inquisición. Una transgresión que nos lleva a siglos atrás…una celda, una mujer
deshereda de esta isla. Lleva meses presa entre la suciedad y la miseria, acusada
de actos de magia negra. Ella, una mujer, una partera-sanadora que vivía de sus
servicios con las gentes de este pueblo. Un gallo canta, es el alba, una mañana
sombría y gris se ensancha en su desgana, en su herida, en su maltrato, en esas
vejaciones, en esas torturas hasta que invoque como si fuera verdad que es hija
del diablo. Y esa mujer , en un carro llevado por un asno se acerca a este
parque….esta plaza donde ahora se respira un viento efímero. Gritos de odio y
violencia se envuelve en el ambiente . Unos gritos que la llevara hasta su
muerte prematura. Ella una mujer que nació libre en auxilio de aquellos que creían
en ella y de esos , un traidor, varios traidores. La tortura te hace expresar
mentiras, los extremidades del dolor son tan virulentas, tan desagradables, tan
cruel que dices lo que quieren escuchar. Así, esa mujer en un carro arrastrado
por un asno llega a la plaza. El genterío no es normal, demasiadas y entre esas
demasiadas algunos de los que ayudó, de los que curo con sus hierbas y rezos.
El viento, el viento….cuando nos lleve la marea, no sé porque esta vaga historia
se adhiere a mí. Somos humanos, humanos que atraemos a otras masas humanas para
culpar la inocencia cuando algo superior lo señale. Sin saber del daño a esa
persona. El viento, el viento…yo sentada en esta plaza con mis ojos puestos en
el balancear de una palmera. Y esa mujer tuvo sus sueños, quizás de hijos que
no pudo tener, quizás de hacer un bien faltando a las normas de una sociedad
mediocre, de hambruna. La veo, con sus vestimentas rasgadas, con la suciedad de
su cuerpo…ese cuerpo que es de ella y no más que será un reflejo de una
comunidad reprimida, opresora, contrariada, ocultando sus mas feroces y más
violentos colmillos. El viento, el viento…cuando nos lleve la marea. Si tenemos
que empezar por amarnos a nosotros mismo, a este cuerpo que nos ha entregado el
planeta tierra. El viento….el viento, aquí en esta plaza del siglo XVI, yo,
oculta con mi ropa. Tenemos que aprender, sí, leer todo aquello que ha sido
terror en este mundo, todo genocidio que aun existe que se ha desarrollado en
el curso de los siglos y los siglos d.c.
Miro la bóveda celeste , ese inmenso azul , tan equilibrado debido a la
luz del sol cuando choca con partículas de esta atmósfera, maravilloso. Aquí,
planeta tierra, en medio de la nada hay una vida peculiar. Una vida sostenida por
nuestra condición de tener movimiento, de este respirar que lo hace posible.
Cuando nos lleve la marea, la bajan del carro y escoltada la llevan al centro
de la plaza. Se lee un manifiesto mientras el párroco columpia el incensario al
toque de una campana. Todo es silencio, expectación y para algunos donde la
mirada se pierde en el suelo de lodo dolor. El viento, el viento…cuando la
marea nos lleve, algún día lejos….muy lejos. Ella cierra los ojos, sus parpados
caen en la verticalidad de su dignidad…porque ella es digna aunque la pisoteen
, aunque le arrebaten el aliento. Sí, somos dignas, la violencia desatada por
una un ambiente patriarcal se mezcla con una religión que se ha posicionado
como origen de conflictos, hoy en día también. Y ese Díos y da igual al
segmento que unas gentes que lo haya fabricado lo toman como dictamen
arrebatada, abominable, absurda de las directrices que marca el mundo. Cuando nos
lleve la marea, el viento…el viento, sopla violento el viento ella, sentada, el
verdugo comienza…el verdugo termina, un hilillo de sangre mana por su boca y
todo es callar. Todo ha terminado. La plaza se queda sola. únicamente ella mujer
sacrificada en nombre de Cristo.