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Su aliento, con un hasta luego se ha ido por su
camino. Nuestros pies desnudos se han vestido de los pasos de la jornada del
hoy, de un hoy que se obsesiona en complacer a esta cultura de rostros rasgados.
No sé, las islas soportan un población descompensada de gentes. De gentes de
todos tipos, de todos países, una masa
humana que confluyen aquí, en esta playa urbana donde los veteranos ancianos
han corrido por su arena dorada en lo ancho de sus vidas y también en este angosto
túnel que los lleva a otra vida, a otra dimensión de cual no estamos seguros.
Todos los días desaparece alguno, ya no observo aquella señora que sus
malabares era mueca de alguna risa en la playa, ya no observo aquella que con
sus gatos lleva una estatua en el parque santa catalina, ya no veo el betunero
de aquellos que osaban en el brillo de sus zapatos mientras en otro de las
miradas los pobres corrían en alpargatas por la calle detrás de los camiones. Ahora
miramos atrás y esos personajes personificación de una vida es un poema
extendido en sus estatuas. Su aliento, cuando nos lleve la marea, con un hasta
luego se ha despedido ¿ Nos veremos otra vez? No lo sé, los años cobran a
nuestros huesos, y la muerte vendrá…vendrá para alimentarse de nuestros sueños,
de nuestras conversaciones. Camino desajustado, disconforme, contrariado…ahora,
la soledad sin su aliento. Cada vez somos menos nosotros mismos , es un espejismo
que de vez en cuando encontramos cuando miramos una constelación , un planeta
lejano y ausente. Estamos en junio y su aliento se ha marchado. La brevedad del
instante eviterno, ello hay que contenerlo en curso de nuestras rutinas
diarias. Levantar el ánimo. Adiós querido amigo, voy a mi casa, bajo mi techo
me sentaré bajo la luz de la música y en cada repetición de ese fragmento
adorado seré encuentro contigo. Cuando nos lleve la marea nos encontraremos
otra vez y espero que con la misma brillantez de todas las veces, será una repetición
que darán auge a nuestros corazones. Pienso. Me detengo. Vertical suspiro,
respiro hondamente y de mi se desprende una armonía que me cuesta día tras
días. Cuando nos lleve la marea amigo. Ya estamos mayores y la existencia da tantos
giros y giros que no sabremos de nuestro mañana. Pero esta mañana es solidad,
es clara, es una lluvia energética que ciertas punzadas de una alegría, una
alegría que escondo por si me la roban. No , no diré que soy feliz ¡No¡ puedo
ser presa de algún mal y no es superstición, es un dicho de los abuelos. Tengo
una humilde alegría. Tengo una humilde casa. Tengo una humilde razón. Tengo una
humilde palabra. Soy humilde en mis actos por muy majestuosos que sean. Pienso
. Me detengo. Suspiro, cuando nos lleve la marea caeremos juntos en una alianza
de serenidad y amor. Una alianza que se ha perdido en estos días del hoy, que
es hoy que se va para generaciones venideras. Qué será de ellos. Desesperados buscarán
agua donde la sed y el hambre asedia a personas indefensas, castigadas por el
redoblar tenebroso del desequilibrio entre los hombres del poder. Cuando nos
lleve la marea, ahí estaremos si nos vemos de nuevo querido amigo ¡Ay amigo
querido¡ la desdicha quiere arrebatarme ese rato en que confluimos , ese rato
en el que las barbaries de este mundo no existían para nosotros. Y ahora, en
este momento andando solo por esta ciudad , mirando los desastres de mi vida me
inclino y soy lamento. Cuando nos lleve la marea, esperare a otra noche. Otra
noche de luna y nos reuniremos como hoy
, como el ayer y nos contaremos cosas bonitas, cosas maravillosas que nos han sucedido
y nos olvidaremos porque hay que ser olvido de las guerras, de los pleitos, de
la mala fe dañina que caben en este ínfimo planeta.
