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Un beso. Sí, un beso viene con el olor de la ventisca,
con el olor de las flores marchitas en un jarrón sobre el piano, con el olor de
mis dedos a cada nota que desea un adiós. Un adiós. Sí, un adiós…a veces nos
cansamos, sin más. El cielo deberá de lucir su faceta más hermosa en lo que
transcurre esta mañana, un celeste límpido nacido de las radiaciones al
penetrar en esta atmósfera. Más allá oscuridad, un sol blanco que nos elige
como lugar para el emerger de la vida, de esta vida tal como la conocemos. Un
beso. Sí, un beso con el olor de fotos viejas cuando era joven, cuando las
ganas de zarpar era brisa de cumbres donde el vértigo no existía. Y , ¿ahora? Un
adiós, mi cuerpo esquelético asume la desventura del enojo conmigo misma,
requiero de mi memoria y sueño despierta como un delirio en plena lucidez de mi
ayer. Y es que estamos en este hoy, un hoy donde todo de esta historia del
pasado se repite y se repetirá a medida que los días sean columnas de las sinrazones.
Mis fantasmas corean tras mis espaldas. Yo , frente mi piano en la soledad de
las soledades, todo está ya lejos. Aquí me quedará hasta cuando nos lleve la
marea. Eres tu, padre. Eres tú, madre. Qué cerca estáis. Si ustedes que me
vieron crecer, que me vieron madurar en el paso de las lunas blancas…muy
blancas. Un beso, necesito un beso, un abrazo, un cariño que despierte mis sentidos,
que haga sentirme en la verticalidad y no caer con el peso de la vaguedad
debajo de la tierra. Cuando nos lleve la marea Ah triste de mí ¡Ah triste de
vosotros¡ ¡Cantad¡ ¡Cantad¡ Le digo a estas almas que me acompañan en mi vejez,
en esta ancianitud donde un jarrón de flores marchitas prende un olor conocido
y repugnante a la vez, cementerio! Cementerio, lugar donde los ya no vivos van
a jugar con los gusanos en ataúdes perennes ¡Y qué hay de sus espíritus¡
Rondaran donde la necesidad sea cierta, donde esa otra dimensión de este mundo
nos permita pasar y pasamos, conscientes
¡Cantad¡ ¡Cantad¡ Sepulto en esta forma mía de pensar todo mal que me
sobrevenga ¡Ay amiga¡ Cuando nos lleve la marea, zarparemos como en esa
juventud y danzaremos con las ballenas allá en su cementerio donde todo es
callar! Nos quedaremos absortas mirando el horizonte a la espera que cada noche
venga con los recuerdos sin apurar el final. Un beso. Sí, un beso viene con el
olor de flores marchitas y de un viendo encismando en su propio ciclo repetitivo.
Nos acordaremos de la niñez, de estas almas que corean a cada nota que suena.